FUSIONES Y FRICCIONES ELECTORALES
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Alan García, JNE, ONPE, conflictos, reforma constitucionalEl último fin de semana ha significado un nuevo capítulo en la ya añeja disputa entre el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Básicamente, lo que se discute aquí es un tema de importancia: ¿cómo será, de ahora en adelante, la organízación electoral?
Entre 1931 y 1993, tuvimos un sistema donde una entidad autónoma, llamada Jurado Nacional de Elecciones, se hacía cargo de la organización de las elecciones y, al mismo tiempo, de resolver los conflictos jurídicos en materia electoral.
Con la Constitución de 1993, el Perú pasa a tener un modelo bi-cefálico en materia electoral. Se crea la Oficina Nacional de Procesos Electorales, como ente encargado de la organización y administración de las elecciones, mientras que el Jurado sólo se encargaría de certificar a los ganadores de los comicios y resolver cuestiones jurisdiccionales en materia electoral. Algunos consideran que el modelo, en realidad, es de tres cabezas, dado que también se crea el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) y se coloca dentro del llamado “sistema electoral”, pero, en realidad, la única función de este organismo dentro de los procesos electorales es tener actualizado el padrón de electores.
Existían dos problemas que, posteriormente, se fueron agudizando.
El primero, tenía que ver con la naturaleza del régimen político que había decidido la división: al ser una presidencia autocrática, Fujimori y Montesinos tenían entre manos ejercer el control de las instituciones electorales a fin de asegurar su permanencia en el poder, por lo que dividieron las funciones sin criterio técnico. Ello fue lo que ocurrió en las elecciones de 1998 y 2000, donde personajes cuestionados accedieron a los puestos de la ONPE y el JNE.
El segundo, se relaciona con las funciones de cada organismo. Y allí, ni la Constitución ni las leyes orgánicas fueron claras, con lo que se presentó una superposición de funciones entre ambas entidades, lo que genera duplicación de esfuerzos y gastos en algunas materias.
El primer defecto fue felizmente superado con el retorno a la democracia. Con el ingreso de personas honestas y competentes, tanto el JNE como la ONPE han desarrollado procesos limpios, transparentes y respetados por la ciudadanía, que manifiesta su confianza a ambas entidades por su trabajo. Ello revela una de las virtudes del sistema democrático: es mucho más difícil controlar el resultado electoral con personas honestas y competentes al mando de las instituciones electorales.
Sin embargo, el segundo defecto se ha agudizado y no son pocos los choques entre ambas instituciones por competencias. A las leyes orgánicas de elecciones y de cada institución, la Ley de Partidos Políticos ha sumado funciones a cada una de estas entidades, sin tener en claro que cosa corresponde a cada cual.
En este marco, desde hace algunos años, el Jurado Nacional de Elecciones propone la unificación de los entes electorales. Basta ver lo que dice su página web, en los últimos párrafos de su reseña histórica:
“Más adelante, la Constitución 1993, constituyó un retroceso para el máximo organismo electoral, al fragmentarlo en tres entes autónomos.
Actualmente, el JNE lucha por su unificación y, desde el año 2001, se constituye como un sólido organismo que marcha al servicio de la nación bajo los principios rectores de imparcialidad, independencia y transparencia, así como con el compromiso indesmayable de fortalecer el sistema democrático del país. La indiscutida limpieza de los procesos presidenciales del 2001 y las regionales y municipales del 2002 así lo demuestran.
La misión que desarrolla es garantizar el respeto y el cumplimiento de la voluntad popular manifestada en los procesos electorales, mientras que su visión es constituirse como el ente electoral unificado, encauzador de los procesos electorales y generador de la activa participación de la ciudadanía, base de la democracia“.
Para ello, además, se esgrimen los argumentos dados por comentaristas a la Constitución de 1993 en materia electoral, en particular, Valentín Paniagua, quien advirtiera sobre los peligros de tener separadas las funciones electorales en un contexto de autocracia y corrupción como el vivido en los años 90.
Sin embargo, el funcionamiento efectivo de la ONPE en democracia ha hecho revisar esta posición a varios especialistas en materia electoral (como Carlos Blancas Bustamante o Fernando Tuesta), quienes ya no se inclinan por una reunificación, sino por especificar cuáles son las funciones que competen a cada organismo para evitar conflictos.
Para complicar este panorama, el sábado Alan García salió a respaldar al presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Enrique Mendoza, en sus esfuerzos de unificacion. Sin embargo, el Presidente de la República no ha escuchado los argumentos de Magdalena Chu, jefa de la ONPE y se ha dejado llevar por los vínculos profesor - alumno que tuvo con Mendoza años atrás.
¿Mi posición? Creo que se ha demostrado en la práctica que ambas entidades pueden existir y que la fusión ya no es necesaria. Sí es necesario tener en cuenta cuáles funciones deberían quedar para cada entidad y, ver hacia el futuro temas como el voto voluntario y el voto electrónico, que sin duda obligarán a modificar la organización electoral. Por lo pronto, el JNE no tiene el respaldo de las otras fuerzas políticas para la reunificación, pero el respaldo presidencial puede inclinar la balanza a su favor, aunque sin tomar en cuenta criterios técnicos. Es necesario un debate mayor sobre este tema, a fin de tomar la mejor decisión posible.






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