Archivo de 9 Marzo 2007

El fin de una añeja pelea

“Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy”
(Me voy, Julieta Venegas)

La noticia política del día ha sido la partida de Antero Flores - Araoz del Partido Popular Cristiano, luego de más de dos décadas de militancia.

Este es el ¿último? capitulo de esa suerte de “Guerra de los Roses” en que se había convertido su relación con Lourdes Flores Nano, la actual presidenta de su ex partido político.

Básicamente, hemos asistido a una disputa sobre dos concepciones de poder, ambas derrotadas: Lourdes creyó que Unidad Nacional podía ser un partido político amplio y moderno, tesis que fue vencida en el congreso del PPC de 2004 y que, además, la realidad se encargó de destruir. Antero pensó, al modo del SEASAP, que “solo el PPC salvará al Perú” y también perdió, al igual que sus aspiraciones presidenciales.

Dos hechos más o menos recientes terminaron de dinamitar la relación entre ambos: el nombramiento de Flores - Araoz como embajador del Perú ante la OEA, lo que lo convirtió en defensor de las más estrambóticas ideas sobre el sistema interamericano de derechos humanos, así como del nombramiento de Alva Castro como Ministro del Interior, y la fundación del Foro Socialcristiano, donde Antero pretendía incorporar a intelectuales y políticos afines como Carlos Blancas, Francisco Eguiguren, Javier de Belaúnde o Luis Solari de la Puente.

Ello motivó una serie de dimes y diretes entre ambos - motivados por cual debería ser el perfil del PPC frente al gobierno -, que culminó con la renuncia de Flores Araoz. Y para rematarla, luego de conocerse dicha noticia, Lourdes sólo atinó a decir: “Confirmo esa información. El capítulo está cerrado. Le deseo al embajador aprista el mejor de los éxitos“. Esa dolió.

¿Esto decantará en una definición sobre el futuro del PPC? No se pierdan los próximos capítulos.

Te vas porque yo quiero que te vayas….
(La Media Vuelta, Luis Miguel)

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Ayer, en medio de la insulsa discusión sobre la ética parlamentaria a raíz del ya comentado caso de las fotos de la pachanga de dos congresistas en Brasil, o sobre si Alan había mandado a La República (literalmente) a la basura, se produjo uno de aquellos sucesos que confirman que el cinismo humano puede no tener límites.

En una de las audiencias del juicio oral al grupo Colina, el escuadrón de la muerte que operó con la anuencia de Alberto Fujimori, prestó su declaración Santiago Martin Rivas, el jefe operativo del tristemente célebre destacamento del Ejército que perpetró las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, el asesinato del periodista Pedro Yauri y el asesinato de campesinos en el valle del Santa.

Martin Rivas tuvo el desparpajo de decir que los eventos por los que se le procesa son utilizados políticamente para “desestabilizar gobiernos y perseguir a las Fuerzas Armadas”. Cabría recordarle a este criminal que su jefe Fujimori lo condecoró por los “trabajos especiales” que realizaba y que las Fuerzas Armadas se vieron manchadas por hombres como este, que no tienen la hombría de reconocer su falta.

Pero eso no fue todo, Rivas tuvo el atrevimiento de compararse con Juan Valer Sandoval, el héroe de la operación Chavín de Huantar, de quien dijo era su compañero de promoción. De las organizaciones de defensa de los derechos humanos habló pestes y repitió el manido epíteto de “defensores de terroristas” y justificó el asesinato de un niño en la masacre de Barrios Altos diciendo que nadie se preocupó de los niños ashaninkas asesinados por Sendero Luminoso, cuando bien sabe que la Comisión de la Verdad y Reconciliación señaló que la conducta contra el pueblo asháninka, el más afectado como colectivo por el conflicto, podría ser calificada como genocidio.

Este sujeto no está arrepentido de nada y cree que lo que hizo estuvo bien. Lamentablemente, no pocos militares - incluso muchos de los que nunca estuvieron involucrados en violaciones a los derechos humanos - piensan de la misma manera que este personaje, que se considera a sí mismo como héroe de la patria. Y medios de comunicación como Expreso y La Razón se hace eco de este mal entendido “espíritu de cuerpo” y escriben los mismos argumentos todas las semanas.

Rivas será condenado, de eso no hay ninguna duda. Pero me preocupa sobremanera que dicha cultura de encubrimiento y de no aceptación de lo ocurrido siga cundiendo en las Fuerzas Armadas. De persistir, seguirán confundiendo a militares asesinados como el general López Albujar o el almirante Cafferatta, o a héroes como Valer y Raúl Jiménez, con criminales como los del grupo Colina, el “comandante Camión” o José Valdivia Dueñas. Hace falta que los institutos armados hagan una sincera reflexión de su papel durante el conflicto, para no terminar coincidiendo con personas que terminarán pagando por las consecuencias de sus actos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Agencia Perú: Vídeo de las declaraciones de Martin Rivas.
Ronald Gamarra: “Es un delincuente común que pretende politizar sus crímenes”
Iris Jave: Martin Rivas: ¿nuevo vocero político?
Martha Chavez: Fujimori no regresa porque teme que lo maten.

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La primera vez que recuerdo haber escuchado un tema de Isabel Granda y Larco fue a los tres años. Mi mamá había comprado el disco de Fernando UbiergoA Chabuca“, donde el cantautor chileno interpretaba las mejores canciones de la compositora limeña.

Por aquellos años, también recuerdo los últimos especiales que hizo para la televisión peruana, en la que su sincopada voz, una guitarra, unas cucharas y un cajón, en un austero escenario, eran una discreta pero imponente presencia, al igual que sus canciones en casa.

Si alguna nota musical se activó en mi subconsciente fue gracias a aquellos años en que mi abuela y mi madre ponían música criolla, no en vano habían nacido en el centro de Lima y mi abuela había vivido toda su infancia y juventud en los Barrios Altos. Obviamente, las canciones de Chabuca estaban presentes, claro, las más pegadas a cantarle a una Lima de antaño que no se si existió, a Victoria Angulo andando del puente a la alameda, a su querido Puente de los Suspiros bajo el cual ubicó su vivienda durante tres años de su niñez, a aquel bello durmiente que no sabemos como despertar y nuestros políticos - rumberas incluidas - tratan de adormecer y a José Antonio cabalgando camino de Amancaes.

Ya más adelante pude descubrir el otro lado de Chabuca: sus canciones al poeta rebelde Javier Heraud, el Cardo o Ceniza para los amores atormentados de Violeta Parra, sus colabraciones con los poetas César Calvo y Juan Gonzalo Rosé, la difusión de la música negra y su padrinazgo a Susana Baca. Y claro, elle a chanté la valse creóle, y dijo que mañana will be tomorrow, mañana por la mañana.

Hace unos pocos años, a raíz de una colección de CDs que sacó El Comercio y de un disco inédito recopilado por Caretas, no sólo pude tener la oportunidad de escuchar canciones de Chabuca que desconocía, sino de conocer más de su vida. Y cai en la cuenta que su mérito de compositora era mayor al que su gran talento le legó: en 1950, Isabel Granda era una mujer con tres hijos, divorciada y dedicada a la música, lo que supongo que debe haber sido un escándalo para la época. Tuvo además el atrevimiento de quitarle el tundete al vals criollo, y mezclarlo con ritmos negros, con jazz, bossa nova y nueva trova. Y sin saber leer partituras, además.

Hay algo más que quisiera rescatar de ella antes de terminar. Una de las cosas que más valoro es uno de los regalos que le hizo a su hija: la Misa Criolla de Bodas. Compuso toda la música a tocarse en la boda de Teresa Fuller, la legataria de su obra musical. Es una de las piezas más hermosas que he escuchado y, seguramente, cuando llegue a encontrar a aquella persona con la que pase el resto de mis días, le haré escuchar el CD completo, a fin de proponerle que esa sea la “banda sonora” del día más importante de nuestras vidas.

Ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer y, además, el 24º aniversario de la última mirada de Chabuca. Esa coincidencia en fechas y el hecho de destacar a una persona que le dio un cariz especial a nuestra música, fueron motivos claros para que eligiera a esta figura para el homenaje que todas las mujeres se merecen. Es especial, para mi madre y mi abuela, que no solo me legaron conocimientos, sentimientos y valores, sino también los sonidos con los que acompaño mis días y para mis amigas, por estar siempre allí y ser el sol que alumbra mis dias, a pesar que no necesariamente este salga en el cielo limeño, bajo el cual Isabel Granda y Larco compuso una de las mayores obras musicales de América Latina.

“Señora cuenteme, como era Lima antes
con sus ojos celestes digame como la vio
como eran sus historias abrigadas bajo el puente
digame sus memorias,
señora cuenteme”
(Gianmarco Zignago)

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