
La discusión que he tenido con La República con relación a los derechos de autor con relación al post Elección Constitucional - batalla felizmente ganada - ha dejado de lado el propósito que tuvo la elaboración de dicho informe, así como una primera evaluación de lo que he podido ver en esta primera mirada a los candidatos al Tribunal Constitucional. Retomo entonces la cuestión dónde la había dejado.
¿POR QUE ES IMPORTANTE ESTA ELECCION?
El Tribunal Constitucional se encarga de ver dos tipos de procesos: los que tienen que ver con la defensa de los derechos fundamentales (procesos de Amparo, Hábeas Corpus y Hábeas Data) en última instancia, y el proceso de inconstitucionalidad, referido a la supremacía normativa de la Constitución. A ellos se suman los procesos de competencia sobre atribuciones asignadas por la norma fundamental del Estado a distintos organismos o poderes.
Así, el TC decide sobre temas como los derechos laborales amparados por la Constitución, vulneraciones al debido proceso, la compatibilidad de normas con el texto constitucional y conflictos como los que pueden suscitarse entre una Municipalidad y el gobierno Central.
En la elaboración de sus sentencias, el Tribunal brinda criterios de interpretación que son obligatorios - en la mayor cantidad de veces - para el resto de magistrados, para las autoridades y para los ciudadanos en general. Sin embargo, es reciente su consolidación como una institución relevante para la vida cotidiana de cada uno de nosotros.
El actual TC tuvo un antecedente poco feliz: el Tribunal de Garantías Constitucionales. Este organismo, que funcionó entre 1982 y 1992, emitió pocas sentencias de inconstitucionalidad - pues no contaba con los votos necesarios para emitirlas - y tampoco hizo mucho por garantizar los derechos fundamentales en una época en que la crisis económica y el conflicto armado interno convirtieron a los mismos en poco menos que una entelequia.
Durante el fujimorato, el TGC fue cerrado con el golpe de abril de 1992. Luego, se incluyó al Tribunal en la Constitución de 1993, a regañadientes de la mayoría oficialista, y se demoró tres años en la conformación de este organismo, poniendo magistrados adecuados a los fines del régimen - con tres contadas excepciones - y, finalmente, expulsando a los 3 magistrados probos (Delia Revoredo, Manuel Aguirre Roca y Guillermo Rey Terry) por oponerse a la ley de interpretación auténtica que permitía una inconstitucional reelección del ingeniero como primer mandatario.
Así las cosas, es recién a partir del retorno a la democracia, con el regreso de los tres magistrados defenestrados y, particularmente, con el ingreso de cuatro jueces - que son quienes serán reemplazados a mediados de este año - , que este organismo ha cobrado importancia fundamental.
Durante estos últimos cinco años, el TC ha decidido sobre temas como: legislación antiterrorista - tanto la emitida durante el fujimorato como durante el gobierno de Alejandro Toledo -, justicia militar, encuestas a boca de urna, regalías mineras, despido arbitrario, empleo público, cierre del régimen pensionario del Decreto Ley 20530, arbitrios municipales, contratos leyes, acusaciones constitucionales, reforma constitucional, franja electoral, derecho a la verdad, criterios de procedencia de demandas de amparo, ratificación de magistrados, derecho a la salud, atención médica de enfermos con VIH-SIDA, beneficios penitenciarios, arresto domiciliario, derecho a la rectificación, arbitraje, derecho al medio ambiente sano y sostenible, entre otros.
Esta amplia gama de temas resueltos nos habla a las claras de un organismos bastante activos y que ha dictado criterios importantes. En el balance, los temas referidos a derechos fundamentales y estructura del Estado han alcanzado mayor consenso de opiniones favorables, por encima de temas vinculados con el régimen laboral y temas vinculados a la economía, que han sido criticados por los empresarios.
En conclusión, se requiere preservar un organismo que ha sido importante en la marcha del país, cuya competencia y eficiencia puede perderse por el ingreso de magistrados que puedan ser poco idóneos para desempeñar esta función.
¿QUE RESULTADOS PODEMOS ENCONTRAR DEL SEGUIMIENTO A LOS CANDIDATOS?
Una primera mirada nos permite percatarnos que entre los candidatos no se encuentran los más importantes académicos en materia de derecho constitucional. Es cierto que César Landa Arroyo, actual presidente del TC, cumple con creces con dichos pergaminos, pero extraña que personas como Samuel Abad (actual Primer Adjunto de la Defensoría del Pueblo), Walter Albán (ex Defensor del Pueblo) o Francisco Eguiguren (profesor de la Facultad de Derecho de la PUCP) no se encuentren entre los postulantes.
Más que cuestiones crematísticas o de prestigio - las cuales son cubiertas con creces en el puesto que ocuparían - creo yo que la abstención de estas personas se debe al carácter político de la elección, que pasa por dos filtros. El primero, el de la Comisión Evaluadora de los postulantes, donde se debe alcanzar el consenso de dos tercios de sus miembros. El segundo, el del pleno del Congreso, donde los candidatos deben ser elegidos con 80 votos o más.
Ya anteriormente, para la elección del Defensor del Pueblo en 2002, tanto Albán como Eguiguren pasaron por la experiencia de no haber llegado a los 80 votos. Claro, Albán quedó como Defensor en funciones, sin embargo, fue claro el maltrato al que se sometió a ambos hombres de Derecho.
Esta elección política nos lleva a la segunda comprobación: una buena cantidad de postulantes son cercanos, afines o miembros de agrupaciones políticas. Dado el actual momento, no extraña que el partido de gobierno tenga 7 candidatos cercanos a sus filas. El juego del APRA, sin duda, será tener por lo menos dos magistrados afines a sus intereses, otorgando los otros dos a candidatos apoyados por otras agrupaciones políticas, que, por supuesto, les den sus votos a los pro-apristas. Ello también deja fuera de carrera a personajes que han tenido una oposición frontal al partido de la estrella, como es el caso de Heriberto Benítez y Julio Quintanilla.
En esa disyuntiva, los partidos de oposición podrían optar por “apadrinar” a figuras orgánicas a sus agrupaciones (caso de Elías Mendoza Habersperger o Ernesto Blume), o considerar la posibilidad de impulsar a candidatos de mayor consenso como Víctor Cubas Villanueva, Oscar Alfaro, Greta Minaya o Rocío Villanueva. Los seis mencionados son, a mi criterio, lo mejor de la lista de postulantes, sea por independencia, trayectoria profesional y académica y decencia política. A ellos se suman Ricardo Beaumont y Carlos Ramos Nuñez, por su perfil académico en áreas como Derecho Mercantil e Historia del Derecho y su decencia profesional.
Pero, por lo que veo, en el mejor de los escenarios, solo 3 de ellos podrán ingresar. El cuarto cupo está reservado para un hombre afín al gobierno.
Y podría ocurrir que ese hombre afín a Palacio de Gobierno - esperemos que no - se encuentre entre los postulantes cuestionados que, curiosamente, son apoyados por los medios de comunicación afines al fujimorismo o al gobierno. Básicamente, se encuentran en este grupo Anibal Quiroga, Carlos Chipoco (columnista de Expreso), Marcos Ibazeta (columnista de Expreso y La Razón) o Carlos Mesa Angosto (el candidato de las Fuerzas Armadas). De estos nombres son los que habrán que tener más cuidado, dada su notoriedad pública y los lobbies mediáticos que se van a impulsar a su favor.
Completan la nómina una serie de abogados cuya trayectoria es poco conocida y cuyo mayor mérito profesional parece ser el de convertirse en postulante eterno al Tribunal Constitucional. Al igual que en anteriores procesos de selección, se espera que estos personajes sean rápidamente mandados al rincón de los recuerdos.
En suma, estamos ante un grupo bastante diverso de candidatos, algunos con trayectorias interesantes que pueden ser recompensadas con el puesto, otros con hojas de vida que alarmarían a cualquier persona con dos dedos de frente y, en el medio, una serie de cubileteos políticos que esperamos culminen en la elección de personas honestas, con conocimientos claros y con criterios que aporten a un organismo que se ha convertido en pieza clave para hacer valer nuestros derechos.
Seguiremos con el seguimiento a este proceso, en el que la opinión pública deberá concentrar su atención en las próximas semanas.
MAS SOBRE EL TEMA:
Aurelio Pastor: Proceso de selección de candidatos al TC culminará en abril.
Ernesto de la Jara: Los Postulantes al Tribunal Constitucional.
Justicia Viva: Plan de Trabajo de la Comisión Especial del Congreso.