Archivo de 27 Febrero 2007


Cuando leo cosas como las que comentaré a continuación, me pregunto si aún estamos en la Edad Media, o, peor aún, en la época del nazismo.

Creo que muchos hemos compartido la preocupación por la designación de Luis Alva Castro como Ministro del Interior. Su pasado como Ministro de Economía del primer gobierno aprista, su desconocimiento sobre temas de seguridad, su complicada relación pasada con el Presidente de la República y el peligro del copamiento del partido de gobierno en puestos públicos son suficientes síntomas para encontrarnos en alerta frente a lo que sucede en Corpac.

Sin embargo, hay quienes cuestionan a LAC por lo que suponen es una inconducta…

Un blogger de ratonil apodo, pero que responde en el registro civil al nombre de Guillermo Barrientos, cuya intolerancia por la justicia social, los derechos humanos o por lo que, a su criterio, es lo contrario al dogma católico, señaló lo siguiente en su comentario sobre la designación de Alva Castro:

El culpable del aprocalipsis 85-90, Luis Alva Castro, vuelve al gobierno por la puerta grande. Olvidémonos de las dudas sobre su sexualidad (”queridito” incluido), incluso de las sospechas de contubernio con el fujimorismo (se acuerdan de la carátula de Caretas “La Boda del Siglo” Fujimori-Alva Castro?). ¿Ke plan tienen los compañeros con Alva Castro de ministro del Interior?

Mi pregunta es: ¿la opción sexual de una persona es razón suficiente para descalificarla? De haber sido así, Miguel Angel no habría podido pintar una de las obras religiosas más importantes de la historia, los frescos de la Capilla Sixtina, por encargo de dos papas.

Esa misma intolerancia fue la que llevó a que los nazis a perseguir a los homosexuales, a quienes consideraban como inferiores o defectuosos genéticos y a quienes impusieron ponerse un tríangulo rosado invertido para identificarlos, además, claro, de enviarlos a campos de concentración. O al Franquismo español a considerar esta conducta como “peligrosidad social”, por lo que era suceptible de una sanción y de ser enviado a centros de salud mental para su “reeducación”. O como el castrismo cubano, como lo recordarán quienes vieron Fresa y Chocolate.

O, por supuesto, a la proverbial intolerancia de nuestro Cardenal, quien alguna vez dijera que “los homosexuales no están en el plan de Dios”. ¿No que todos somos hijos de Dios?

Si lleváramos esto al extremo, tendríamos que echar a la hoguera todas las obras de Oscar Wilde, los discos de Freddy Mercury o las películas de Pedro Almodovar.

Ya en otras ocasiones esta visión que tiene este personaje ratonil ha sido criticada, con justa razón. El autoritarismo ramplón, el conservadurismo irreflexivo se juntan en este personaje con una apertura de mercado que ni Hayek o Friedman propugnarían. Muestra patente que algunas mentes equivocan liberalismo con conservadurismo, de la manera más patética e intolerante.

Finalmente, volviendo a mi reflexión inicial, creo que poco nos debe importar lo que un político haga o no en su alcoba. Si el Ministro del Interior tiene o no determinada conducta sexual no es algo de nuestra incumbencia. Su trabajo es el que está bajo el escrutinio de sus ciudadanos. Y en eso es en lo que nos concentraremos a la hora de criticarlo o apluadirlo. Lo demás, es mera chismografía barata.

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