Archivo de 25 Febrero 2007

Ayer domingo, en su habitual columna en Perú.21, Alonso Alegría expresaba su perplejidad sobre los blogs, medio que parece haber descubierto y ejercido sobre el una extraña fascinación.

Claro, el artículo tiene como centro a los ya conocidos blogs literarios y a su vocación por ganar quince minutos de fama gratuita, sea con algún comentario que demuestre gran lucidez o un mayor peso a su fama, o con epítetos que serían el diagnóstico perfecto para un médico sobre la sanidad hepática de sus autores.

Sin embargo, el texto de Alegría no dejaba de motivarme la pregunta que es el título de este post. E intentaré hacer una respuesta. Esto no es una declaración de principios, pero ya que el texto me motivó el bichito de hacer la introspección sobre los motivos que me motivan a tener un espacio como este y las razones por las cuales toco los temas que toco.

Si hay algo que ha ejercido sobre mi una extraña fascinación es el periodismo. Curiosamente, siempre lo tuve como opción de futuro ejercicio profesional, pero nunca terminé por decantarme a estudiarlo como carrera. ¿Razones? La fundamental es que el Derecho terminó ganándome espacio, acción, vocación y, sobre todo, pasión, que es algo que toda profesión en la que nos involucremos debe motivar. Pero ello no dejó que toda buena crónica, reportaje o escrito elaborado por un periodista o por un estudiante de dicha carrera no dejara de caer en mis manos y volviera, de cuando en cuando, a despertar dicha inquietud.

Y sí, los blogs no son periodismo, pero para mí se ha convertido en una importante herramienta de difusión de ideas y opiniones. Cosas o temas que no encontramos necesariamente - o de manera muy escondida - en los medios de comunicación convencionales se tratan aquí de manera totalmente libre y espontánea.

Ahora, el tema. ¿Por qué política y sociedad como temas de este espacio? Creo haberlo comentado hace un par de semanas. Mi formación en todos los espacios en los que estado me han provocado una relación de amor-odio con mi país. Quiero que le vaya bien, hago alguna recomendación por allí para que las cosas funcionen (no como dueño de la verdad, pues creo no serlo y aun hay mucho por aprender), pero a la vez me genera la misma cólera que a cualquier persona le generaría que, a pesar de todos los intentos por llamar la atención o por ser alguien mejor, aquella persona que nos interesa de manera especial no nos da absoluta pelota, e incluso, nos maltrata y seguimos allí, fieles al castigo.

Esa misma sensación me da el Perú, y es la que provoca que buena parte de los comentarios que vierta por aquí tengan un tono catárquico, de indignación saludable (mi abuelo siempre me decía, “que nunca cese tu capacidad de indignarte”) o de rabia incontenida.

¿Algo de ego hay en esto? Creo que mentirìa al decir que no. De hecho que se siente bien cuando se reconoce que este pequeño y diminuto espacio sirve de algo, como desfogue de ideas, como artículación de opinión, o para que simplemente te distraigas leyendo la novela por capítulos llamada Perú.

Finalmente y, aqui se me sale la vocación docente aun no puesta sobre la mesa, está la manifiesta y abierta opción por proporcionar datos escondidos o hilar un relato que, a la vez que retratar una escena o un problema, sea didáctico para quien lo lee, que le deje alguito más y, si se puede, las ganas de seguir leyendo e investigando.

En suma, simple y llanamente, una expresión ciudadana como cualquier otra. Allí está. Tómenla o déjenla. Es gratis, solo les cuesta la luz, la conexión a Internet o la hora en la cabina de turno.

Y ahora, volvemos a nuestra programación habitual.

Comments No Hay Comentarios »

Anteriormente Aldo Mariátegui ya ha dado muestra que precisamente no es un fan de la igualdad entre los seres humanos. El calificativo de “electarado” con el que identificó al votante de Ollanta Humala, o compartir la teoría - hecha con animus jocandi - de Jaime Bayly sobre la falta de oxígeno de los votantes andinos que marcaron la Olla en las últimas elecciones presidenciales.

Ciertamente, quien escribe no votó por Humala e hice abiertas mis discrepancias con lo que parecía una alternativa que nos llevaría a perder lo avanzado tanto en términos democráticos como económicos. Pero nunca se vertió en este espacio alguna de las expresiones dadas por el director de Correo, conocido por su tendencia a soltar epítetos como un entrenador de fútbol suelta improperios en un partido que su equipo va perdiendo.

Pero Aldo no aprende, a pesar del encontrón (con final apaciguado) que tuvo recientemente con Gustavo Gorriti.

El jueves, Mariátegui se pronunció sobre la propuesta del presidente regional del Cusco, Hugo Gonzáles Sayán, para elevar los precios de los boletos de ingreso a Macchu Picchu a 100 dólares para los turistas extranjeros, medida propuesta para que los municipios de la zona tengan mayores ingresos.

Si bien la medida puede tener toda la buena intención del mundo, creo que el sentido común nos dice que elevarla a un precio tan caro espantaría el turismo antes que incentivarlo. (Recomiendo leer los interesantes argumentos de Silvio Rendón, de Gran Combo Club, sobre este tema).

Pero Aldo, lejos de exponer argumentos - salvo por ejemplos sobre Egipto bastante ilustrativos - se mandó al final con lo siguiente (pedimos disculpas a los lectores y lectoras que se puedan ofender con las expresiones vertidas, no son “fallas de origen”, así escribe Mariátegui:

“Bloqueen trenes, asalten turistas, cóbrenles US$100 por entrar a Machu Picchu… Síganla cagando, mis estimados cusqueños, síganla cagando. Después se quejan. Sean más prácticos en lugar de alucinarse romanos frente al resto de peruanos y odiar/envidiar a los limeños, dejen de hacer el ridículo con esa bandera gay, de no tratar de cambiar el presente y sólo sobrevivir de recuerdos, de ruinas (y vaya uno a saber si muchos de los más chauvinistas son descendientes de los incas, que en el Perú ha habido mucho movimiento de población, guerras, etc…) y de rencores, como esos “guías de turistas” que distorsionan la historia y sólo destilan veneno contra los españoles al hablar, llegando a insolencias extremas contra los pobres peninsulares que sólo vienen a visitarnos, compartir nuestra cultura y pasar un buen rato.

A esos imbéciles les he escuchado cada cosa delante de los turistas españoles que he sentido vergüenza ajena y aplaudo la paciencia de éstos, que simplemente les sonríen, compasivos…”

Varias preguntas son necesarias:

1. Si hay tantos argumentos a favor de tu posición, ¿por qué insultar con argumentos hispanistas y racistas? ¿No terminas victimizando a tus atacados?

2. ¿Por qué la mirada de “soy yo el occidental que les va a enseñar a estos salvajes a portarse como es debido”? Yo le he escuchado cosas sensatas a Mariátegui en un reportaje sobre el Operativo Empleada Audaz, en contra de la discriminación y de miradas como esta, que incentivan la llegada de Humalas a Palacio. Pero parece que el periodista no predica con el ejemplo.

3. Finalmente, sigo sin entender, ¿por qué nuestros periodistas de derecha en su mayoría tienen esta mirada hacia los que no viven en Lima?

Comments 9 Comentarios »