¿PARA QUE ESCRIBO YO ENTONCES?
Escrito por: jgodoymejia en Desde el Tercer Piso, blogs, escritos personalesAyer domingo, en su habitual columna en Perú.21, Alonso Alegría expresaba su perplejidad sobre los blogs, medio que parece haber descubierto y ejercido sobre el una extraña fascinación.
Claro, el artículo tiene como centro a los ya conocidos blogs literarios y a su vocación por ganar quince minutos de fama gratuita, sea con algún comentario que demuestre gran lucidez o un mayor peso a su fama, o con epítetos que serían el diagnóstico perfecto para un médico sobre la sanidad hepática de sus autores.
Sin embargo, el texto de Alegría no dejaba de motivarme la pregunta que es el título de este post. E intentaré hacer una respuesta. Esto no es una declaración de principios, pero ya que el texto me motivó el bichito de hacer la introspección sobre los motivos que me motivan a tener un espacio como este y las razones por las cuales toco los temas que toco.
Si hay algo que ha ejercido sobre mi una extraña fascinación es el periodismo. Curiosamente, siempre lo tuve como opción de futuro ejercicio profesional, pero nunca terminé por decantarme a estudiarlo como carrera. ¿Razones? La fundamental es que el Derecho terminó ganándome espacio, acción, vocación y, sobre todo, pasión, que es algo que toda profesión en la que nos involucremos debe motivar. Pero ello no dejó que toda buena crónica, reportaje o escrito elaborado por un periodista o por un estudiante de dicha carrera no dejara de caer en mis manos y volviera, de cuando en cuando, a despertar dicha inquietud.
Y sí, los blogs no son periodismo, pero para mí se ha convertido en una importante herramienta de difusión de ideas y opiniones. Cosas o temas que no encontramos necesariamente - o de manera muy escondida - en los medios de comunicación convencionales se tratan aquí de manera totalmente libre y espontánea.
Ahora, el tema. ¿Por qué política y sociedad como temas de este espacio? Creo haberlo comentado hace un par de semanas. Mi formación en todos los espacios en los que estado me han provocado una relación de amor-odio con mi país. Quiero que le vaya bien, hago alguna recomendación por allí para que las cosas funcionen (no como dueño de la verdad, pues creo no serlo y aun hay mucho por aprender), pero a la vez me genera la misma cólera que a cualquier persona le generaría que, a pesar de todos los intentos por llamar la atención o por ser alguien mejor, aquella persona que nos interesa de manera especial no nos da absoluta pelota, e incluso, nos maltrata y seguimos allí, fieles al castigo.
Esa misma sensación me da el Perú, y es la que provoca que buena parte de los comentarios que vierta por aquí tengan un tono catárquico, de indignación saludable (mi abuelo siempre me decía, “que nunca cese tu capacidad de indignarte”) o de rabia incontenida.
¿Algo de ego hay en esto? Creo que mentirìa al decir que no. De hecho que se siente bien cuando se reconoce que este pequeño y diminuto espacio sirve de algo, como desfogue de ideas, como artículación de opinión, o para que simplemente te distraigas leyendo la novela por capítulos llamada Perú.
Finalmente y, aqui se me sale la vocación docente aun no puesta sobre la mesa, está la manifiesta y abierta opción por proporcionar datos escondidos o hilar un relato que, a la vez que retratar una escena o un problema, sea didáctico para quien lo lee, que le deje alguito más y, si se puede, las ganas de seguir leyendo e investigando.
En suma, simple y llanamente, una expresión ciudadana como cualquier otra. Allí está. Tómenla o déjenla. Es gratis, solo les cuesta la luz, la conexión a Internet o la hora en la cabina de turno.
Y ahora, volvemos a nuestra programación habitual.





Entradas (RSS)