
La salida de Pilar Mazzetti era sólo cuestión de tiempo.
El escandaloso tema de la compra de patrulleros, confundido entre la inoperancia de su equipo de licitaciones, la defensa y posterior despido de los funcionarios involucrados, la velocidad por hacer gasto público debido al shock de inversiones y el costo político que este tema le ocasionó al gobierno, eran hechos más que suficientes para que la Ministra del Interior asumiera el costo político que le correspondía en este caso.
Sin embargo, esta renuncia - disfrazada de puesta a disposición del cargo - le ha costado más al gobierno de lo que pensaba.
Por un lado, ha quedado evidente que no se tiene mucha pericia en el gasto público, cuestión que puede ser aprovechada por quienes defienden que la empresa privada se encargue de lo que el Estado “no puede hacer”, en lugar de capacitar a los funcionarios estatales en gestión pública y criterios mínimos de manejo administrativo.
Por otro lado, la salida ha sido lo más diferida posible, lo que ha aumentó el riesgo de desgaste sobre el gabinete encabezado por Jorge del Castillo. Al mismo tiempo, las contradicciones que existían en el APRA sobre la permanencia de Mazzetti - a quien defendían un día y a la mañana siguiente la llevaban a una interpelación que hubiera terminado en una censura - demuestra que la pugna de poder y de apetitos particulares se encuentra a la hora del día.
Pero, una vez superado este capítulo y definido su reemplazante (roguemos al Señor que, sea hombre o mujer, sea una persona honesta, competente y con vocación de reforma) el gobierno deberá pensar en hacer serios cambios en una cartera que es mucho más compleja que la seguridad ciudadana o la Policía.
Es necesario reformar el Sector Interior por completo.
La última crisis que hemos vivido en estas semanas nos demuestra que el problema de este sector no se encuentra sólo en la Policía Nacional y que los cambios deberían comenzar por dotar a este Ministerio por mecanismos de transparencia necesarios - comenzando por un portal electrónico amigable y fácil de manejar - y una gerencia moderna. Ello es parte de la tan anunciada reforma del Estado.
En segundo lugar, debemos notar que el Ministerio tiene a su cargo varias funciones: la prevención de conflictos sociales a través de la Dirección de Gobierno Interior (convertida casi siempre en el lugar donde se colocan a los operadores políticos de los gobiernos de turno), la supervisión y autorización de sorteos y rifas, la defensa civil frente a desastres naturales a través del INDECI y todo lo concerniente a migraciones y naturalización. ¿Qué tan bien están funcionando estas entidades que dependen del sector? ¿Están vacunadas contra la corrupción, sea ésta grande o pequeña? Son temas que el Ministro deberá tener en cuenta.
Finalmente, no descuidar la reforma policial y la mejora de la seguridad ciudadana.
Los últimos reportes sobre el escalafón policial nos demuestran que la pirámide jerárquica ha vuelto a engordar en lo correspondiente a generales y coroneles, justamente en la cúspide, donde no debiera haber mayores aumentos sino tenderse a una disminución. Este es un síntoma que lo avanzado durante las gestiones ministeriales de Fernando Rospigliosi y Gino Costa ha retrocedido en términos alarmantes.
Y en cuanto a seguridad ciudadana, la tendencia debiera ser, como primeros pasos, a tener mapas del delito en cada ciudad del país, políticas de prevención hacia la delincuencia juvenil y mejorar la interconexión entre las comisarías. Aquí hay una prioridad de gasto mayor a la de comprar patrulleros, que el sector Interior debiera tomar en cuenta.
Ojalá el gobierno tenga la sabiduría suficiente para elegir a un buen reemplazante de Pilar Mazzetti y el nuevo titular del sector cuente con un equipo competente y, sobre todo, con la vocación reformista que no tuvo su antecesora.