Archivo de 9 Febrero 2007

(A ver, que tal nos sale este experimento)

Veamos, yo voy a estar fuera de circulación este fin de semana (léase, no voy a postear a menos que la coyuntura lo haga indispensable) y les dejo una tareíta para que la hagan entre chela, sol y el tiempo que tengan: pregúntenme lo que quieran.

Yo me encargaré de recepcionar sus preguntas (y publicarlas para que no se repitan las preguntas) y el lunes respondo las que me hicieron, ¿les parece?

Claro, tan fácil no la van a tener, así que ahí van las reglas:

1. Nada de preguntas tipo Miss Universo, p.e: a quien admiras, lees a Vargas Llosa, etc. Entienden a que me refiero.

2. A quienes me conocen en persona, ni se molesten en hacer alguna pregunta que pueda poner al descubierto algo que el público no sabe. Hay filtro de por medio. (Sorry, muchachos)

3. Esto no es consultorio psicológico. Asi que vayan donde la Doctora Cachetada, Jorge Bruce o al Dr. Lecter para que los atienda en esos casos.

4. Tampoco soy Xandrox, así que no responderé cuando creo que Perú irá al mundíal, si el Chino viene desde Chile o si Humala gana las elecciones del 2016.

5. Finalmente, procuren ser originales.

Resultados, el lunes.

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Hace 4 días dejó de salir la columna de César Hildebrandt en La Primera. Claro, un retiro del chato de un medio de comunicación ya no es primera plana.

Y los lectores que tenía el conocido periodista no teníamos una explicación. Claro, salvo los ya consabidos rumores sobre la inestabilidad del diario, dada la filiación aprista de su dueño, Ricardo Wong. Detalles sobre esas movidas aquí y también por acá.

Vía pospost, nos enteramos de un mail enviado por H. a sus amigos (y que según Fernando Obregón, ha circulado rápidamente) en el que explica las razones de su salida:

“A los amigos les envío esta explicación. Salí de La Primera por decisión gerencial que no me fue comunicada ni siquiera por escrito. Hoy aparece en El Comercio una noticia que podría explicarlo todo: el poder judicial ha reabierto, después de seis años, el caso Mesa Redonda, donde siempre se dijo que el señor Wong, propietario de La Primera, tuvo mucho que ver. O sea que no hay Primera sin su segunda. O sea que el señor Wong tuvo que ponerse de oferta. Ya veré qué hago. Un abrazo fuerte.”

Pregunta adicional: ¿Qué es eso de “La Columna del Presidente“?

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El sujeto que ven arriba con lentes oscuros se llama Miguel Ríos Saenz. Quizás el nombre no les diga mucho, pero sí les digo que se trata del famoso Chito Ríos, presunto miembro del autodenominado Comando Rodrigo Franco, puedan poner un poco de atención.

Hoy La República reporta la denuncia hecha por el alcalde de la provincia de San Ignacio (Cajamarca), Carlos Martinez, quien viene siendo amenazado por vía telefónica y es materia de un reglaje sistemático por parte de este personaje, quien también hizo “trabajos” (léase seguimiento y desapariciones) - según Ricardo Uceda - durante la época de Fujimori.

Este hecho se produce en un contexto donde los defensores del medio ambiente son amenazados. El Padre Marco Arana, presidente de Grufides, también ha sido materia de un reglaje que no ha sido materia de sanción por las autoridades judiciales de Cajamarca, hecho en el que estaría involucrado

Hace poco más de un año, Marco Sifuentes a.k.a. OcraM hizo un reportaje sobre la presencia de este personaje en Cajamarca, en plena campaña electoral, para jugar en favor del hijo del presidente regional de Cajamarca de ese entonces, Felipe Pita. Compañero, al igual que Ríos, para más señas.

En política no hay casualidades. Esta semana la comenzamos comentando la noticia de miembros del Comando trabajando para congresistas de la plana mayor del APRA y la culminamos con el Chito amenazando alcaldes y manteniendo su carnet aprista. ¿Coincidencia?

MAS SOBRE EL TEMA:
Archivo del Tercer Piso: El Comando: Su relación con el Congreso e hipótesis de investigación.

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Como diría Martinez Morosini, aquí no pasó nada.

Prometía ser pelea de titanes, algo así como La Roca vs. Hulk Hogan, o una de esas broncas antólogicas que hemos visto en televisión, como Hildebrandt vs. Genaro el 98 (se acuerdan: “lanza tu candidatura nomás” “y tu sigue defendiendo Tiwinza, Genaro, como siempre“) o la más reciente entre Patricia Simon y Raúl Tola de Carreño.

Sin embargo, quienes vimos ayer La Hora N para espectar la anunciada pelea entre Gustavo Gorriti y Aldo Mariátegui terminamos decepcionados.

Por un lado, Gorriti, con su poco manejo televisivo - conocido desde la época en que dirigía Periodistas en Frecuencia Latina - le puso un ritmo cansino, parecido al de aquellos boxeadores subidos de peso que intentan llevar la pelea a su terreno. Incluso la intentó pegar de gracioso, cuando mencionó el célebre Diccionario de Mariateguismos, para pasar luego a intentar cátedra de periodismo o preguntarle por posiciones polémicas - como la pena de muerte o el tema de las ONG’s - a Mariátegui.

Del otro lado, Mariátegui estuvo bastante más mesurado que cada vez que va a la televisión, con el ácido estilo escondido bajo la manga. Es cierto que las preguntas que hizo Gorriti fueron recontra aburridas, pero tampoco quiso entrar al terreno de la polémica.

Sin embargo, Aldo mintíó descaradamente cuando dijo que sus columnas expresaban ideas y posiciones políticas. Mi pregunta es, ¿se expresan ideas cuando se cataloga a un grupo de personas bajo el manto de un conocido producto hidrobiológico? ¿o cuando se descalifica a alguien por el hecho de ser “rojo”? Como diría Roberto Bustamante, el sueño del blog impreso convertido en realidad (aunque yo diría que muchos blogs tienen más calidad y argumentos que los que puede exhibir Alditus en sus columnas diarias).

Siempre he tenido gran respeto por Gustavo Gorriti. Creo que es uno de los mejores periodistas del país y uno de nuestros mejores expertos civiles en materia de defensa y seguridad. Y escribe paja. Pero creo que ayer demostró que la televisión no es lo suyo y le perdonó la vida - en términos metafóricos - a un diatribante profesional.

Por su parte, Mariátegui es más leido que el promedio de sus colegas, sin embargo, sus lecturas y la inteligencia que tiene la desperdicia en insultos, adjetivos y fundamentalismos económicos que podrían ser canalizados de otra manera.

El periodismo puede (y en muchos casos debe) ser confrontacional, pero con argumentos de por medio. De no ser así, el periodista pasa a ser un mono con metralleta o una caricatura. Desafortunadamente para él, Aldo está más cerca de lo segundo que de lo primero.

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