Archivo de 6 Febrero 2007

Desde hace varios años, oigo hablar de la tan mentada Reforma del Estado.

Durante los años noventa, esta se pensó como la racionalización de recursos del Estado, destinado fundamentalmente a achicarlo, de acuerdo con una visión que comprendía que la burocracia estatal debía ser lo más reducida posible y concentrarse fundamentalmente en servicios básicos, como administración de justicia, defensa nacional, relaciones exteriores, educación, salud y seguridad ciudadana.

La tesis del Estado mínimo fue la que primó y, sobre esa base, se hicieron los tímidos intentos de racionalización administrativa que tuvieron éxito, pero también el despido de cientos de trabajadores estatales que pasaron a engrosr las filas del subempleo o del desempleo abierto.

Esta idea ya no es compartida ni por los académicos de varios sectores - aunque un grupo se mantiene irreductible en esta idea - y por un sector de la población.

El enfoque actual enlaza los mecanismos de modernización y simplificación administrativa con metas concretas e institucionalidad democrática. Así, hablar de reforma del Estado implica hacernos las preguntas previas: ¿cuáles son las metas que queremos cumplir? ¿cómo cumplirlas? ¿cómo organizamos al Estado para ello?

Generalmente, cuando se tratan estos temas, se quiere ver sólo una parte, la de la gestión administrativa. En ella es la que se ha concentrado el gobierno para lanzar su propuesta de fusión de organismos públicos descentralizados y su convocatoria para una reunión de Consejo de Ministros en la que los miembros de la oposición participarían planteando sus propuestas.

Frente a esa propuesta, se ha respondido de diversas maneras: Humala ha dicho que irá, pero que planteará como requisito previo la entrada en vigencia de la Constitución de 1979. Lourdes duda en ir o no. Otros han dicho que la convocatoria, sin una agenda y sin conocer los planes del gobierno, no es más que fuegos artificiales. Y hay quienes han sugerido que el Acuerdo Nacional sea el espacio de debate.

Lo que pienso es que debemos ver este tema de una manera integral:
- ¿Hay que ver el tema constitucional? Si, pero no sobre la Constitución de 1979, gesto simbólico e inútil. Si ya hubo un trabajo de reforma constitucional trabajado en el Congreso anterior y ya bastante avanzado, ¿por qué no culminarlo?
- ¿Cómo abordar la reforma de la administración pública? Poniendo metas sector por sector para saber cuáles deben ser las fusiones a realizarse. Y tener un sentido social: ciertamente esto, como lo ha dicho Jorge del Castillo, va a acarrear despidos, pero es necesario que se tenga planes para incorporar a estas personas a nuevos mercados de trabajo.
- Completar esta visión sobre la base de reformas institucionales: justicia, seguridad ciudadana, defensa nacional, educación y sistema político.
- Implementar mayores mecanismos de transparencia, fiscalización y participación ciudadana y mejorar los que ya se tienen.

En suma, lo que propongo es una visión más amplia del tema. Creo que sobre este base el trabajo se puede sostener. Lo de mañana pudo ser importante, pero creo que ni el gobierno ni la oposición tienen la agenda clara sobre este tema. Si van a hacer política, prepárense, no vayan con propuestas improvisadas.

Y a ustedes, los dejo con varios enlaces que tratan mejor de lo que lo he hecho este tema.

MAS SOBRE EL TEMA:
Agenda Perú: La Reforma del Estado en el Perú. Pautas para reestructurar el Poder Ejecutivo (Estudio de Gustavo Guerra García).
Juan Carlos Cortez: Reforma del Estado (Ponencia ante el Acuerdo Nacional).
Rosa María Palacios: Reformar el Estado ¿Para lograr qué?
Perú Político: Programas sociales y descentralización. Reformando al Estado.
José Tavera: Reforma del Estado en el Perú. El punto de vista de un economista.
Diego Luna: Instumentos y procedimientos para modernizar el Estado.
Eduardo Hart: Reforma del Estado: ¿hay segunda sin primera?

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Revelación sobre muerte de espía ecuatoriano es confirmada ante Poder Judicial.

La noticia más sorprendente del día es la declaración jurada enviada por Jesús Sosa Saavedra, miembro del tristemente célebre Grupo Colina, a la Segunda Sala de Terrorismo, en la que confiesa su participación en uno de los crímenes revelados por el periodista Ricardo Uceda en el libro Muerte en el Pentagonito.

Como es conocido, la investigación realizada por Uceda tuvo como principal fuente al ex agente del Servicio de Inteligencia del Ejército, quien además de participar en las conocidas acciones de Colina durante el gobierno de Alberto Fujimori, también participó en otras ejecuciones extrajudiciales y torturas durante la lucha contrasubversiva en la década de 1980.

Sin embargo, el caso revelado no tiene relación con la lucha contra el terrorismo, sino sobre un poco conocido caso de espionaje, ocurrido en 1988, durante el primer gobierno de Alan García.

Enrique Duchicela era un sargento de la Fuerza Aerea Ecuatoriana que cumplía funciones diplomáticas en nuestro país. Este oficial resultó ser el enlace con oficiales del SIE peruano que se encargaban de proporcionar información al vecino del norte, en momentos en que aún no habíamos resuelto nuestro diferendo limítrofe. El teniente EP Marco Barrantes fue identificado como uno de los vendedores de la información.

De acuerdo a lo señalado por el libro de Uceda, confirmado hoy por Sosa en su declaración, el jefe del SIE de aquel entonces, coronel Oswaldo Hanke, y su superior inmediato, el comandante Harry Rivera, encargaron al agente de inteligencia realizar una operación de seguimiento y captura del espía ecuatoriano. Ya se había detenido a Barrantes, quien se encontraba en los sótanos del Pentagonito.

Según Sosa, también habría tenido conocimiento del hecho el entonces Comandante General del Ejército Artemio Palomino Toledo.

Con posterioridad a su captura, Duchicela y Barrantes fueron eliminados por órdenes de Hanke y Rivera. Los cuerpos, de acuerdo a lo narrado por Uceda en su libro, posteriormente fueron cremados en un horno destinado para este tipo de operaciones. El Estado peruano nunca ha reconocido la desaparición o detención de ambas personas.

Como señala Uceda en su libro, hay varios temas a dilucidar:

La revelación de la pérdida (de documentos claves para la relación Perú - Ecuador), escondida en un expediente judicial hasta la aparición de este libro, habría producido un escándalo político en 1988. Las muertes evitaron el descrédito, la posible remoción de la cúpula militar. De otro lado, la desaparición de su espía indicó a Ecuador que el Perú sabía todo. Encajó el golpe, en la expectativa de devolverlo. Hasta hoy es un misterio cómo informó de esta sitación el comandante general del Ejército, Artemio Palomino, al Ministro de Defensa, Enrique López Albujar (asesinado por el MRTA en 1990), y al Presidente Alan García“.

Ni Palomino ni Alan García quisieron dar su versión de los hechos sobre este caso al periodista.

Actualmente vienen siendo procesados por este caso 5 personas: Hanke, Rivera y los suboficiales Julio Ramos Álvarez, Gumercindo Zambrano Salazar y Jorge Ortíz Mantas. Palomino no está comprendido en el proceso y Alan García no ha sido llamado como testigo. El Fiscal los acusa de secuestro y ha pedido 25 años de prisión para los implicados. No se ha ampliado el caso por torturas, desaparición forzada y asesinato.

Sosa es una personaje que sabe bastante. Quizás sea el momento en que, de una vez por todas, se presente ante el Poder Judicial y declare todo lo que conoce. Ello no le librará de la condena por los crímenes en los que participó, pero permitirá ir develando algunos de los cementerios secretos del Ejército Peruano.

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