A seis meses de gobierno, Alan García no encuentra la hoja de ruta

Ni cambio, ni responsable. Así encontramos a un Presidente cada vez más desaforado, cada día protagonista mayor de un escenario político que pretende convertir en un monólogo antes que en una obra coral y un coro que, a diferencia de los griegos, no le advierte de las posibles desgracias que le podrían pasar.

NO HAY CAMBIO

La enseña de García es no tocar para nada la economía. A los empresarios ni con el pétalo de una rosa, no importa que las condiciones en las que hacen su inversión en el Perú no dejen nada para el país y para su población.

Está bien que exista la estabilidad macroeconómica necesaria para un crecimiento económico saludable y que fue una ficción durante su primer gobierno. Pero, más allá del candado humano que supone Luis Carranza al mando del Ministerio de Economía, ¿qué ideas tiene el gobierno para una política económica que estimule la inversión en condiciones que ayuden a todos los peruanos? ¿Cómo hacer que el crecimiento llegue a todos, para dar igualdad de oportunidades? De ello, naranjas Huando y sin pepa.

Un ejemplo claro de la falta de rumbo gubernamental es lo que ha ocurrido con el TLC y la posición del gobierno y del Presidente de la República. En campaña, García decía que sería un error que el gobierno de Toledo firme un tratado que él se encargaría de revisar artículo por artículo. Claro, cuando llegó a Palacio no revisó nada - cosa que tampoco podía hacer, por cierto - y nombró un representante personal, Hernando de Soto, para que haga el lobby exterior y, al mismo tiempo, se ocupe de los mecanismos internos de compensación y aprovechamiento interno de las ventajas del TLC.

Esta jugada descolocaba a quienes debían encabezar las tratativas, es decir, al embajador en Estados Unidos Felipe Ortiz de Zevallos y a la Ministra de Comercio Exterior, Mercedes Araoz.

Sin embargo, poco a poco se hizo evidente que la capacidad de lobbing del economista de apellido de conquistador, bastante sobrevalorado en el medio, era restringida, a lo que se sumó la derrota republicana en la elección parlamentaria. Ante la evidencia del error, García ha tenido que hacer lo que desde el inicio debió hacer: colocar a quienes ocupaban los cargos que, durante el gobierno de Toledo, permitieron la negociación con los norteamericanos, es decir, el embajador en Washington y la titular del MINCETUR, quien, además fue la jefa del equipo asesor para la negociación del TLC.

Y aunque De Soto ha quedado relegado al “TLC hacia adentro”, no se entiende bien su papel, dado que existe un Plan Nacional de Competitividad - en cuya elaboración intervino de primera mano Mercedes Araoz - que, de aplicarse, debiera ser suficiente junto con medidas específicas y concretas para contrarrestar los perjuicios que causará el tratado en un sector de la población y aprovechar las ventajas que sin duda conlleva.

En resumen, el capricho presidencial supedita las opciones de reforma. Lo mismo pasa con la evaluación a los maestros, con las bravatas al Poder Judicial para que se reforme. Pero de planes concretos - muchos de ellos existentes, incluso desde el gobierno de transición - nadie habla en el gobierno.

NO HAY RESPONSABILIDAD

El debate sobre la pena de muerte y las recientes sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos nos han permitido confirmar la persistencia de un estilo presidencial dado a buscar el aplauso fácil, la maniobra distractiva y vacía de contenido y la carencia de escrúpulos para soliviantar a nuestra envilecida sociedad despertando las más bajas pasiones y pulsiones que afloran en este tipo de situaciones.

Ese mismo estilo, como bien lo ha señalado Lourdes Flores Nano, no es más que el infantilismo y el capricho llevado a la Presidencia y, que represalia a los empresarios que lo traicionaron, lo llevó a sus pretenciones de estatizar la Banca en 1987. Es decir, lo mismo que hizo de su primer gobierno algo difícil de olvidar y no precisamente por su buena gestión.

El encaprichado Presidente quiere matar gente. No pudo hacerlo por vía parlamentaria, en una derrota política que nadie quiere admitir en Alfonso Ugarte y ahora miente al decir que lo harà por referéndum, cuando la Constitución no permite una consulta popular para disminuir derechos fundamentales.

El Presidente y su cada vez más patética bancada parlamentaria hacen todo lo posible por desprestigiar al sistema interamericano de derechos humanos, confundiendo a la gente con cifras - cosa que saben bien hacer los que ponían la inflación más baja de lo que era - para dar el mensaje que estamos ante un organismo que no entiende al Perú y que pretende hacernos pagar el oro y el moro. No duda en calificar de terrorista a un campesino de 68 años sin ninguna relación con el senderismo y que fuera torturado por no entregar dos carneros a la tropa.

Lo que no dice García, por cálculo político y por inescrupulosidad, es que la pena de muerte es inviable. No dice que si tenemos que reparar a personas por decisiones del sistema interamericano es por errores - y horrores - cometidos por el Estado, atrocidades que nunca se debieron cometer y que no ayudaron en nada para la derrota de los grupos subversivos. Eso es lo que haría un estadista.

Sin embargo, antes que un Pelé que estaba al servicio de su equipo, García es como aquellos amarrabolas en las pichangas, aquellos que solo buscan su provecho personal, meter el gol, hacer la jugada para la tribuna, sin importar que los principios básicos que un Estado democrático tienen se vayan al tacho de la basura y que para “hacer sus goles” tenga que jugar con un equipo descalificado por mandar las reglas del juego al diablo, como lo es el fujimorismo.

Para esto no lo elegimos señor Presidente. No votamos por usted - sabiendo lo que era - para que fuera un vulgar Fujimori o un Humala redivivo. Hoy podrá tener el aplauso popular, que ensordece o hace acallar a los pocos que se ateven a decirle que no tiene rumbo ni ritmo. Hoy baila “La Vida es un Carnaval”, cuando el gobierno se viene asemejando a una farsa de mal gusto. Hoy disfruta su efímero poder, sin embargo, seremos nosotros los que, al dia siguiente que deje el poder, en julio de 2011 tendremos que lamentar que no gobernó para todos los peruanos, sino para su propio megalomaniaco ego.

Aun se está a tiempo de enmendar rumbos y hacer las cosas bien. Han transcurrido sólo 6 meses. Pero también se han perdido 6 meses. El tiempo se le agota, más adelante no podrá emprender los cambios requeridos y allí se quejará de no haberlos hecho antes. Acuérdese de su primer gobierno, no sea tan impulsivo ni protagonista. No se parezca al extraditable. Compórtese como el líder de un partido democrático y no como el capataz abusivo de una chacra de la que solo ve la cosecha inmediata y no su mantenimiento permanente.

Gobierne como estadista y no como Alan García.

MAS SOBRE EL TEMA:
Lourdes Flores Nano: El Perú no está para seguir caprichos de Alan García.
Augusto Alvarez Rodrich: Perdiendo ritmo y rumbo.
César Hildebrandt: Enamorado de la muerte.
Enrique Bernales: Solo Pilatos hizo consulta sobre pena de muerte.
Martín Tanaka: “Fujimori debe estar satisfecho”.
Federico Salazar: El fetichismo no es justicia.
Alberto Adrianzén: Caudillismo y Autoritarismo.
Iván García: Ruta Equivocada.
Miguel Santillana: ¿Le quitaron la sonaja?

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