“Lima está de fiesta, la canción Criolla se viste de gala,
las guapas limeñaslucen su belleza y gracia sin par.
Las cuerdas de las guitarras trinan,los criollos corazones vibran
a los alegres sones de la canción popular”
(Manuel Raygada, Acuarela Criolla)

“Puentecito dormido entre murmullos, en la querencia
Abrazado a recuerdos, barrancos y escalinatas
Puente de los suspiros, quiero que guardes
en tu grato silencio, mi confidencia”
(Chabuca Granda, Puente de los Suspiros)

“Nostalgia provinciana en busca de oportunidad
Ahora ha pasado el tiempo, ahora somos mucho mas
La dura vida urbana y eso de ser marginal
hizo de nuestra raza acero de superacion”
(Los Mojarras, Nostalgia Provinciana)

“Soy un muchacho provinciano, me levanto bien temprano;
para ir con mis hermanos, ayayay, a trabajar.
No tengo padre ni madre, ni perro que a mi me ladre;
sólo tengo la esperanza, ayayay, de progresar”.
(Chacalón y la Nueva Crema, Muchacho Provinciano)

“Denme una algarrobina de esas que saben pero a bien limeñas
Y traiganme un anticucho, que me lo sirva una linda limeña
Que huela a Perú y por supuesto que me sepa a Perú
Que huela a Perú y por supuesto que me sepa a Perú”
(Grupo Niche, Me sabe a Perú)

No voy a escribir un apologético o una oda a la ciudad. Chabuca Granda sabía hacerlas aun cuando lo que describía había desaparecido o quizás nunca existió.

Tampoco me voy a mandar con un rollo a lo Salazar Bondy sobre “la horrible”. Para eso mejor léanse la columna de César Hildebrandt de hoy.

Hoy se supone que es un día de fiesta y, sin embargo, casi ni lo festejamos, a pesar de la fama de jaraneros que la canción criolla nos ha hechos. Nos acordamos de la ciudad sólo cuando es 18 de enero o cuando se vienen las elecciones municipales.

Seguimos hablando de un centro histórico que debemos preservar. Pero, ¿no convendría hablar que somos una ciudad con muchos centros? Sino, que son Miraflores, San Isidro, Los Olivos, San Miguel, San Borja, Villa El Salvador o Asia. Son centros. Los conos pasaron a la historia y hoy se habla de Lima Norte, Lima Sur, Lima Este y Lima Centro.

Pertenezco a esa rara especie en extinción de limeños que tienen más de tres generaciones de ascendientes viviendo en la ciudad. La migración y la globalización han cambiado el rostro de la ciudad. Hoy ya no somos la Lima de la calesita y la saya y manto, tampoco la de los criollos jaranones en Barrios Altos al pie de un callejón de un solo caño. Seguimos siendo criollos de alguna manera, pero igual cabida tienen los huaynos con arpa de Dina Paucar, los subtes de Quilca, los miraflorinos que ahora escuchan “Cholo Soy” en versión electrónica, el reggeaton o la chicha con la que los choferes de combi nos machacan todos los días, o los salseros que escuchan Radio Mar todo el día.

Mezcla rara de monumentos y de arquitectura. Desde el monolito a Taulichusco hasta Francisco Pizarro arrinconado en el Parque de la Muralla. Desde la Plaza de la Democracia hecha por Toledo hasta la estatua de San Martín con un auquenido sobre la efigie de la Patria. Desde “El Ojo que Llora” hasta la plaza a María Elena Moyano. Cementerios bicentenarios con visitas nocturnas. Balcones coloniales al costado de edificios que no llegan a los 5 décadas y están abandonados. Boteros esculturalizados en el Parque del Amor y en Agua Dulce. Iglesias coloniales en el centro y casi casas grandes en la periferia. Nuestras playas ahora se delinean entre la casi anacrónica rusticidad de Punta Hermoza, los edificios del malecón de Barranco y las modernas casas de playa del kilómetro 80 para adelante.

Niños que ya no juegan al clásico U - Alianza, sino que por la muestra de la globalización disfrutan de un Chelsea - Arsenal o de un Real Madrid - Barcelona. Y si es en Playstation 3 o Game Cube mejor. Yo me quedé en el Supernintendo.

Alcaldes buenos y malos han transitado por el sillón de Nicolás de Ribera “El Viejo”. Desde Rufino Torrico que defendió lo que quedó de la ciudad de la invasión chilena, hasta Anita Fernandini que más se preocupaba por las “malas costumbres” de las muchachas limeñas. Desde Bedoya que nos dejó el primer Zanjón, hasta Andrade que recuperó el centro luego de años de abandono. Barrantes precursor de la planificación metropolitana y el trabajo en los otros centros y un Del Castillo que solo nos legó un tren fantasma. Trabajos buenos, pero que, al final, no lo entendieron lo central: que una ciudad había que administrarla como un todo, con los alcaldes distritales como colaboradores.

Lamentablemente, el actual alcalde adolece de esa visión integral de la ciudad. Su forma de manejar las cosas queda reflejada en la absurda decisión de no dejar a la prensa cubrir las sesiones de Consejo Metropolitano. Esa falta de transparencia, esa vocación por el cemento, esa falta de palabras. Si Lima, la urbe, pudiera hablar, me pediría que me preocupara más por ella y me preguntaría: ¿por qué me maneja gente tan limitada?

Mientras tanto, la ciudad variopinta, rara, bizarra, la horrible, la de la flor de la canela, provinciana, sigue esperando esa visión de futuro y que los limeños debemos dejar de tratarla mal.

Feliz aniversario, Lima.

2 Respuestas a “472”
  1. el aguafiestas dice:

    Dificil no guardar con la ciudad una relacion amor-odio. De niño me gustaba caminar por las calles del centro, recuerdo que iba con mi abuela a comprar cafe tostado a una antigua bodega por Carabaya. Eran otros tiempos, la ciudad era más tranquila y no el pequeño infierno que a veces parece.

    Es cierto que no hemos tenido mucha suerte con las autoridades ediles, pero también es cierto que una ciudad la hacen sus habitantes y es por ese lado por donde podemos mejorar el asunto: no ensuciando las calles, respetando las normas de tránsito, siendo más amables con la gente y no tan desesperadamente hostiles, etc. Obvio sin dejar de lado el hecho de elegir a nuestra autoridades con mayor responsabilidad.

  2. Ernesto dice:

    Tantas ilusiones, anhelos frustraciones, diversidad, contrastes, alegria, inseguridades esa es nuestra vieja Lima a la que siempre recuerdo con nostalgia.

    Solo paseando por sus ejes principales se adquiere el vinculo con ella, hay quienes nunca fueron mas alla de la Javier Prado, q nunca pisaron el Jiron de la Union, que solo conocieron la Pza Francia en las manifestaciones de fines de los 90 …. yo no felizmente, como dije hace poco quieras que no… esa diferencia marca.

    Se acuerdan cuando las lineas de buses tenian paraderos en Cusco Emancipacion? ese fue un intento de orden y la muestra evidente de como una gestion se deshace de lo bueno de la anterior….

Deja una Respuesta