Archivo de 16 Enero 2007

“Si usted pasa por Lima, trate de ver “El ojo que llora”, en una de las esquinas del Campo de Marte, en el distrito de Jesús María. Es uno de los monumentos más bellos que luce la ciudad y, además, hay en él algo que perturba y conmueve. Pero, apresúrese. Porque no es imposible -el Perú es el país de todos los posibles- que una singular conjura de la ignorancia, la estupidez y el fanatismo político acabe con él”.
(Mario Vargas Llosa, El Ojo que Llora, 14 de enero de 2007)

Hace unos minutos llegó a mi correo electrónico el Acuerdo de Consejo tomado por la Municipalidad de Jesús María con relación al monumento “El Ojo que Llora“, dedicado a las víctimas del conflicto armado interno. Y la verdad es que el Consejo - comenznado por el alcalde Luis Ocrospoma - han hecho gala de una suma ignorancia.

El acuerdo se inicia bien, haciendo un reconocimiento a todos los afectados por violaciones a los derechos humanos, en particular a las víctimas del terrorismo.

Sin embargo, los peros comienzan en el punto 3 del acuerdo, que dice, “el retiro de los nombres que indebidamente han sido incluidas en las piedritas que que se ubican en la escultura “El Ojo que Llora” dependerá de la ejecución por el Estado peruano”.

Un par de aclaraciones no le vendrían mal al alcalde.

La primera, es que esos nombres no estaban “indebidamente incluidos”. Si se encontraban allí no es por su condición de terroristas, sino porque fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales perpetradas por agentes del Estado - bajo las órdenes de Alberto Fujimori - en 1992. Y hasta la sentencia de la Corte Interamericana en el caso Castro Castro, nadie criticó la existencia del monumento.

La segunda, es la existencia de una propuesta más sensata, señalada por Mario Vargas Llosa en un reciente artículo:
“¿Hay alguna forma de solucionar este impasse? Sí. Dar media vuelta a los cantos rodados con los nombres que figuran en ellos, ocultándolos temporalmente a la luz pública, hasta que el tiempo cicatrice las heridas, apacigüe los ánimos y establezca alguna vez ese consenso que permita a unos y a otros aceptar que el horror que el Perú vivió a causa de la tentativa criminal de Sendero Luminoso -repetir la revolución maoísta en los Andes peruanos- y los terribles abusos e iniquidades que las fuerzas del orden cometieron en la lucha contra el terror, no dejaron inocentes, nos mancharon a todos, por acción y por omisión, y que sólo a partir de este reconocimiento podemos ir construyendo una democracia digna de ese nombre, donde ya no sean concebibles ignominias como las que ensuciaron nuestros años ochenta y noventa”.

Segunda barbaridad del acuerdo de consejo. Artículo 4: “Solicitar a la Presidencia del Consejo de Ministros la modificación de la etapa complementaria del proyecto arquitectónico “Alameda de la Memoria” que contiene la escultura denominada “El Ojo que Llora” cuya partida asciende a S/. 200,000.00; del cual sólo se ha ejecutado la suma de S/. 18,000.00; con el objeto de que se destine a la recreación infantil en los parques del distrito”.

Lo que ignoran los rudimentarios conocimientos de Ocrospoma y sus regidores es que dicho dinero fue otorgado por la CMAN, organismo dependiente de la PCM que se encarga de elaborar los programas de reparaciones recomendados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Y que esos montos fueron derivados a la Municipalidad de Jesús María para un objetivo específico: una reparación simbólica, que era el proyecto “Alameda de la Memoria“. Una vez “modificado” el proyecto, que es un eufemismo para decir que no va a ser realizado en Jesús María, simple y llanamente la plata se va.

Hace unos minutos el Secretario Ejecutivo de la CMAN, Jesús Aliaga Baldéon, ha señalado que la petición del alcalde de Jesús María “es improcedente y el burgomaestre debe saber que ese dinero pertenece a un presupuesto que está en el rubro del Plan Integral de Reparaciones (PIR) de la PCM y darle un uso distinto sería imposible y podría dar lugar a acciones legales“.

Cabe señalar que el proyecto “Alameda de la Memoria” constaba, además del monumento “El Ojo que Llora” de otros dos componentes: la muestra fotográfica “Yuyanapaq“, actualmente en el Museo de la Nación y el “Quipu de la Memoria”, que recopila cientos de quipus recolectados durante una caminata por la paz que recorrió todo el país durante el año 2005. Es decir, un esfuerzo de constituir un lugar de recordación de las víctimas del conflicto armado interno, que incluso ha sido incluido como lugar de recordación por la Coalición internacional de Museos de Sitio de Conciencia.

En su artículo quinto, la resolución señala la formación de una convocatoria para un “Proyecto Integral del Campo de Marte”, que será sometido a consulta vecinal.

La pregunta que se hace uno, a estas alturas, es: ¿Este “proyecto integral” comprende o no la salida del monumento “El Ojo que Llora” del Campo de Marte?

No han faltado quienes han intentado argumentar en contra de la permanencia del monumento en base a una argucia legal. La Ley citada es la N° 16979, que declara como “area verde intangible” el Campo de Marte en 1968. Claro, no citan el artículo 2 de dicha norma, que indica que “queda excluido del Campo de Marte como lugar de toda clase de juegos recreativos, de exposiciones y ventas de productos comerciales e industriales, así como de toda construcción que reduzca y afecte su área y la perspectiva de su belleza urbana“.

Sin embargo, el monumento mejora indudablemente la belleza del Campo de Marte. Un tal Mario Vargas Llosa, que sabe alguito más de arte que yo, señala lo siguiente:
Las creaciones artísticas inspiradas en buenas intenciones sociales, religiosas, morales o de cualquier orden ajeno al propiamente estético, suelen ser esos bodrios convencionales y cursis que generalmente afean los recintos oficiales. Pero “El ojo que llora” no es nada de eso. Sus propósitos altruistas no le restan originalidad, elegancia, vigor, y las formas elegidas así como la combinación de piedras que lo componen en los que las limaduras, cortes o añadidos efectuados por la artista son mínimos, crean una atmósfera impregnada de recogimiento y alarma, una tensa serenidad. Es imposible no sentir una enorme tristeza ante los miles de nombres escritos por voluntarios en aquellos cantos rodados, entre los que figuran muchas criaturas de pocos meses o pocos años, e innumerables inocentes a los que el terror sacrificó sin el menor escrúpulo en aquellos años de odio y locura ideológica“.

Finalmente, el alcalde Ocrospoma no ha tenido otra cosa mejor que hacer que mentir. Así lo recuerda el ex burgomaestre Carlos Bringas:

“El es un mentiroso, está mintiendo porque dice que la escultura de El Ojo que Llora que está en el Campo de Marte no fue aprobada en sesión de concejo y se aprobó estando él presente porque fue regidor y posteriormente se ratificó también por él. (…) En ese año, nunca dio un argumento en contra con respecto a este monumento, ahora está mintiendo”.

Ahora el papelón ya no es patrimonio exclusivo del Presidente de la República, ni del Partido Aprista, ni de los diarios filo-facistas que mienten descaradamente todos los días. Hoy, con esta verguenza, el alcalde de Jesús María, Luis Ocrospoma, perteneciente al Partido Popular Cristiano, no hace otra cosa más que confirmar que la irracionalidad y la ignorancia también están instaladas en su sillón de alcalde.

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A pedido del público, aquí van las imágenes del extraño y muy comentado baile del Presidente Alan García.

También intervino el Ministro de Vivienda, Hernán Garrido Lecca.

¡Música, maestro!

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