Archivo de 7 Enero 2007

Luego de 7 días de cautiverio, Jaime Rázuri fue liberado en la mañana de hoy (hora de Lima) por sus captores.

De acuerdo con lo declarado a la prensa, Rázuri ha manifestado que fue bien tratado por sus captores, quienes se preocuparon por su salud y porque estuviera bien alimentado. Sin embargo, fue difícil establecer una comunicación con ellos, dadas las dificultades idiomáticas.

Lo que más le preocupó al reconocido fotógrafo durante estos días fue la tristeza que la noticia de su captura había ocasionado en su familia. Recién a su salida del encierro se enteró de la magnitud de la solidaridad de los peruanos y cientos de colegas extranjeros por la suerte que correría nuestro compatriota.

Según lo informado por el vicecanciller peruano Gonzalo Gutierrez, los captores del periodista pertenecerían al Ejército del Islam, una suerte de clan familiar bastante poderoso y que buscaba pedir un canje por los asesinos de 2 de sus miembros.

Gracias a Dios esta pesadilla concluyó y Jaime podrá ver el mar de La Punta en su regreso a Lima, que se produciría entre martes y miércoles. Que su lente nos siga mostrando la otra cara de la noticia y que su familia disfrute su presencia.

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Como parte de mi retiro de fin de año en la playa, me llevé, como es mi costumbre, un libro de los tantos que esperan en la ruma de pendientes para leer. El escogido fue el libro escrito por el periodista Gustavo Gorriti, La Calavera en Negro.

La Calavera en Negro cuenta dos historias paralelas.

La primera, uno de los mayores escándalos de narcotráfico ocurridos en el Perú durante los años ochenta. Para ser más exactos, el primer gran caso de narcotráfico sonado en nuestro país.

Carlos Lamberg era un próspero empresario que había hecho dinero de la nada. Tenía un mini-diario, P.M., desde el cual difamaba al gobierno de Fernando Belaúnde Terry y a los dueños de los otros medios de comunicación. Y, más importante aún, tenía estrechos vínculos con hombres claves del Partido Aprista Peruano.

La investigación hecha por Gustavo Gorriti para la revista Caretas reveló en su momento que Lamberg había sido detenido en 1980 en Acapulco por un caso de narcotráfico, en un yate en el que se encontraba como pasajero Jorge Idiaquez, ex secretario personal de Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder máximo del aprismo. Asimismo, se indicó que entre sus amigos personales se encontraba el entonces secretario general del APRA, Fernando León de Vivero, quien fue Presidente de la Cámara de Diputados años después. Villa Mercedes, la finca del máximo jerarca aprista, había sido comprada por Lamberg y puso plata en la campaña presidencial de Armando Villanueva en 1980, que incluyó un spot que hacía recordar las propagandas facistas de los años 30.

Ademàs, el mayor cargamento de droga capturado hasta ese momento en el Perú, en 1980, pertenecía a Lamberg, que utilizó sus influencias políticas en el gobierno militar para evadir la cárcel.

Lamberg, por esta investigación periodística, que fue recogida y ampliada por la Fiscalía de la Nación - recién creada y donde trabajaba un bisoño Fernando Olivera como secretario - y llegó a un juicio en el que el ex hombre de prensa fue sentenciado a 14 años de prisión en 1986. Políticamente, esto significó una revolución generacional en el APRA, que terminó encumbrando a Alan García en 1982 como Secretario General del Partido, para bien o para mal.

La segunda historia que cuenta Gorriti es la de Caretas de aquellos tiempos y la elaboración del reportaje en si. Gorriti cuenta como se combina su matrimonio, los cierres histéricos de Enrique Zileri en Caretas, que se asemejaban (y hasta ahora se parecen) a una opereta, las dificultades de la página en blanco, el ritmo al filo de la navaja que tiene Gorriti para entregar sus textos (casi siempre, al fin del cierre de edición) y los conflictos éticos que suponía arriesgar la vida por llevar adelante una noticia.

Como yapa y para que se animen a leer el libro, dos párrafos del mismo, donde Gorriti describe (y critica) la “extraña fascinación” que AGP ha ejercido sobre Enrique Zileri.

“¿Qué periodista no quiere un acceso así con, primero, el candidato favorito y después el Presidente de la República? El problema es la pregunta inversa: ¿qué presidente no quiere un acceso asì con el director de uno de los medios más influyentes? Y el otro problema es que entre adolescentes, sean precoces, puntuales o tardíos, la amistad y sus lealtades es lo más importante. Claro que Zileri - gran periodista antes que nada - no dejó de criticar a García cuando fue indispensable hacerlo, pero aun entonces se sentía la tensión del amigo forzado a critica a quien te ha dado su amistad y confianza.

Esa amistad le hizo bien a Garcìa, pero no a Caretas. Me imagino que Zileri no estará de acuerdo con lo que digo, pero en este asunto creo que, entre los veteranos de la revista, su director está en minoría absoluta. Pocas cosas tan nobles en la vida como la amistad y la lealtad a ella, pero me temo que esa nobleza puede convertirse en peligro cuando se introduce en la relación entre la prensa y el poder”.

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