Archivo de 4 Enero 2007

Las bravatas autoritarias de Hugo Chávez en Venezuela no tienen cuando acabar

La última cosa de importancia que el dictador venezolano, aquel que medra con el dinero del petróleo para comprar las conciencias y la necesidad de sus compatriotas, hizo durante el 2006 fue terminar de darle el tiro de gracia a la libertad de expresión.

Hasta el momento, Chávez permitía la salida de medios de comunicación opositores a su persona y su gobierno, cuestión que su admirado Fidel Castro no permite hasta hoy en Cuba. Claro, podías informar, pero te atenías a las consecuencias: espionaje telefónico, represalias económicas, un grupo de los Círculos Bolivarianos tirando pedradas a tu casa, amenazas por teléfono o las bravatas de Hugorila en “Alo Presidente” cada domingo. Hacer periodismo en la Venezuela chavista es un auténtico deporte de aventura, como era en los tiempos de Fujimori en el Perú.

Pero la semana pasada, el sátrapa petrolero dio un paso más allá. El jueves 28 informó que no renovaría la concesión de Radio Caracas Televisión, el canal de televisión privado más antiguo del país del joropo. El motivo: lo acusó de ser un medio de comunicación “golpista” y de atentar contra la “revolución bolivariana”.

En otras palabras, Chávez hace lo mismo que hacían los dictadores del último medio siglo cada vez que algo les incomodaba: cerrar un medio de comunicación independiente o crítico del gobierno. Lección que seguramente aprendió de Fujimori, a quien tanto se parece, o de su estancia limeña durante el gobierno militar de los setenta, encabezado por Juan Velasco Alvarado, quien, oh casualidad, confiscó los medios de comunicación por ser “contrarios a los fines de la Revolución Peruana”, es decir, por no alinearse como cachacos disciplinados a lo que el poderoso de turno decía.

Como era de esperarse, la Sociedad Interamericana de Prensa y la mayor parte de medios de comunicación del continente se han pronunciado en contra de esta medida arbitraria, que atenta contra el derecho de los venezolanos de emitir una opinión disidente, más aún en momentos en que el poder está concentrado en una sola mano.

¿Qué dirán ahora quienes siguen viendo a Hugo Chávez como un modelo a imitar? ¿Qué dirán nuestros radicales criollos, que antes combatieron a Fujimori por ser un “lacayo neoliberal” y ahora aplauden al falso revolucionario de modales de callejonero, con el perdón de quienes moran en un callejón? ¿Qué dirá su nuevo amigo, Alan García, que ahora se da de abrazos con el gobernante más patético y autoritario de la región?

MAS SOBRE EL TEMA:
Editorial de El Comercio: Venezuela: otro garrotazo autoritario de Hugo Chávez.
Augusto Alvarez Rodrich: Hugo Gorila.
El Mundo: Chávez cancela la licencia a una televisión privada que califica de “golpista”.

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