¿CUATRO AÑOS MAS DE UNA CIUDAD SIN NORTE?
Escrito por: jgodoymejia en Lima, Luis Castañeda Lossio, elecciones municipalesLima opta por un voto suicida.
Las elecciones municipales que se producirán el 19 de noviembre han despertado pocas expectativas en la población, por lo menos en lo que se refiere a la disputa de la Alcaldía Metropolitana de Lima.
Dicha apatía no sólo es producto de lo que fue una intensa y larga campaña por la Presidencia de la República, sino, fundamentalmente, por la impresión favorable de la población respecto al actual Alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, lo cual le ha permitido al actual burgomaestre obtener índices de intención de voto bastante altos sin que tenga que hacer campaña.
Sin embargo, cabría preguntarse si la impresión de la población es cierta, o si sólo nos encontramos ante un fenómeno mediático, sin bases sólidas, donde ha primado más la imagen del Alcalde antes que un plan coherente que ofrecer a la ciudad.
Castañeda ha hecho obras viales importantes, es cierto. La avenida Canadá y la vía expresa de la avenida Grau son dos ejemplos de ello. Sin embargo, parece haber existido poca transparencia en el manejo de los fondos utilizados. Una reciente denuncia del diario Perú.21 apunta a que la importante empresa alemana Siemens cobró más de la cuenta por la semaforización de la vía expresa de Grau.
Ha existido cierta preocupación social en Castañeda, también es cierto. Prueba de ello son sus escaleras en los cerros de los conos de Lima y sus hospitales móviles y fijos en la ciudad. Lo que sí molesta es el autobombo descarado con el que se publicitan dichas obras: “Escaleras de la Solidaridad”, “Hospitales de la Solidaridad”, todo pintado con el color amarillo que caracteriza a su agrupación política (llamarla partido sería un exceso). Campaña permanente, le dicen. Mismo estilo heredado del fujimorismo, donde comenzó su notoriedad política. Ya no es naranja, sino amarillo. Hasta Carmen Lozada de Gamboa se lo ha recordado.
Pero, recordando la campaña del 2002, las promesas hechas y las necesidades de la ciudad, es mucho lo que dejó de hacer el actual burgomaestre de la capital del país por la ciudad que maneja.
Benedicto Jiménez y Gino Costa han incidido en el tema de la seguridad ciudadana. Es cierto que Lima es una ciudad insegura, aunque no a tal punto como otras ciudades importantes de la región como Sao Paulo, Bogota o Caracas. En este tópico, hay que decirlo, hay una co-responsabilidad de todos los actores involucrados: Policía, alcaldes, gobierno central y la propia ciudadanía. Asimismo, el enfoque adoptado para intentar solucionar el tema es meramente represivo y olvida los programas de prevención, cuestión que sí corresponde de manera crucial a los alcaldes provinciales y distritales, como los planes de apoyo a la juventud, o establecer “mapas del delito”, donde se identifiquen las zonas donde los delincuentes tienden a operar. De ello, Castañeda, cero balas, cero puntos.
El transporte en Lima es un caos. Y no solo me refiero a la alta cantidad de unidades en mal estado, al pésimo servicio de los choferes y a la informalidad imperante tanto en empresas como en rutas. Se ha desordenado de nuevo el tema de los taxis (que Alberto Andrade comenzaba a solucionar), no ha hecho grandes terminales de transporte interprovincial (y los informales, bien gracias). Y de las revisiones técnicas, sólo un pleito grande con la empresa que ganó la licitación y la mitad de los equipos para hacerla. Del tren eléctrico, mejor ni hablemos, pues ha sido una de las grandes mentiras con la que la ciudad ha sido estafada (comenzando por su creador, que hoy es nuevamente inquilino de Palacio de Gobierno). Los autobuses, una promesa incumplida más.
No existe un planeamiento de la ciudad. El actual Plan Metropolitano, hecho en la época de Alfonso Barrantes (hace 20 años), no ha sido modificado ni actualizado. Se sigue percibiendo a cada distrito como una entidad aparte, por consiguiente, tenemos zonificaciones distintas, caóticas y sin relación entre sí.
La cultura ha sido un déficit para Castañeda. Dejó de lado los proyectos de reconstruir el Teatro Municipal (luego de cuatro concursos de proyectos), la Bienal de Lima simple y llanamente la liquidó, los escenarios de la ciudad no son aprovechados y se ha comprado un innecesario pleito con los artistas alternativos con los intentos de clausura de “El Averno”, uno de los principales centros alternativos de la capital.
Finalmente, ha primado un estilo poco transparente en la gestión y en la campaña electoral. No doy entrevistas salvo para informar de mis obras. No convoco a Asamblea Metropolitana de Alcaldes. No respondo cuestionamientos. No debato. No veo a mi ciudad como región.
Este es el alcalde que la mayoría de limeños – en parte por apatía, en parte por el complejo peruano de sólo ver algo bueno cuando hay cemento de por medio, en parte por el nivel cansino de las otras candidaturas – reelegirán. Un alcalde sin líneas maestras, sin planes para la ciudad. En suma, cuatro años más sin un norte claro.





Entradas (RSS)