Hace 5 años, el mundo entero fue testigo, en vivo y en directo, de un crimen de lesa humanidad que costó la vida a más de 3,000 personas. En New York y Washington, 3 aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center y contra el Pentágono, como parte de un atentado terrorista cometida por la red Al Qaeda, liderada por el magnate saudi Osama Bin Laden.
Los atentados del 11-S han marcado a la corta historia del siglo XXI y han generado variables importantes en el orden internacional y en la política norteamericana.
El tema central de la política norteamericana es la seguridad y cómo responder a frente a las amenazas a dicha seguridad. Si bien Estados Unidos tenía (y tiene) el derecho de defenderse de cualquier atentado terrorista, el diagnóstico y los medios empleados para ello no ha sido los más adecuados.
Por un lado, la utilización del maniqueo “eje del mal” como base para cualquier acción dificulta la comprensión del fenómeno que supone Al Qaeda como organización. Implicó no ver que esta organización no era, en realidad, un aparato burocratizado y vertical, sino una red que se activaba con cuadros locales en cada región para cada atentado. Asimismo, sobreestimó el apoyo que gobiernos como Irak o Irán dan a organizaciones que utilizan métodos terroristas y provocó errores gruesos de percepción.
Asimismo, se mezclaron intereses particulares de Estados Unidos con la lucha contra el terrorismo. Tres años después de la invasión a Irak, pocos son quienes aún sostienen que dicha operación militar se debió a que este país poseía armas de destrucción masiva. Hoy sabemos que el petróleo era el objetivo central de dicha invasión. Y son los intereses particulares de Estados Unidos los que vienen determinando cuales son los países que representan una amenaza a la seguridad.
A esto se suma una visión conservadora del mundo, mejor dicho, neo conservadora. El neo conservadurismo norteamericano tiene una visión de su país y del mundo que enfatiza en que los valores “tradicionales” norteamericanos - es decir, los que tienen como base, como la familia, la seguridad, cierto paternalismo social y el unilateralismo - preservarán la hegemonía norteamericana. Por ello es que los neo conservadores (llamados también “neo con”) tienen alergia a los temas migratorios y al contacto o entendimiento con cualquier cultura que no sea la misma. Además, cuentan con una visión religiosa que convierte a los “neo con” en los “salvadores de la patria” frente a las amenazas externas. Este es el pensamiento que se ha instalado en la Casa Blanca, pero que poco a poco viene perdiendo adeptos en la opinión pública en general.
Otro problema en el que el gobierno de George W. Bush ha tenido fracasos en toda la línea ha sido el del respeto a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario. Las cárceles de Guantánamo - declaradas como ilegales por la Corte Suprema -, las torturas en la prisión de Abu Ghraib y la aceptación de la existencia de cárceles clandestinas en Europa son muestra de ello.
Una lección que los peruanos extrajimos del conflicto armado interno es que la violación de derechos humanos resulta a todas luces perjudicial como poco práctica para el combate a un enemigo interno. Supone la desvalorización de la vida humana y de la dignidad de la persona, que son los objetivos centrales a defender por parte del Estado. Implica también un problema legal, dado que los autores de estas prácticas pueden (y deben) ser sometidos a un proceso judicial (del que hasta ahora se vienen librando los militares norteamericanos, salvo en casos contados). Ocasiona efectos en la ética y el prestigio de las Fuerzas Armadas, quienes ven su imagen afectada por estos hechos. Finalmente, no tiene efectos prácticos para frenar las acciones subversivas, toda vez que dificulta la relación con la población civil y demora la ruptura de relaciones entre las organizaciones subversivas y las poblaciones.
Finalmente, los resultados de la cruzada contra el terrorismo global no han sido los esperados. Los gobiernos aliados de Estados Unidos se debilitaron y fueron blancos posteriores de Al Qaeda. Con la excepción del operativo en Londres que permitió prevenir el secuestro de aviones, el trabajo de inteligencia ha sido deficiente. Ha aumentado la percepción de una “conducta imperial” por parte de Estados Unidos, lo que le ha restado aliados en Europa y, sin duda, ha debilitado su posición en Medio Oriente. Finalmente, el gobierno nortamericano ha perdido toda credibilidad no solo en el mundo, sino también ante su pueblo.
El enfrentamiento de una amenaza global supone una alianza estatégica del mismo corte y un acertado trabajo de conocimiento e inteligencia. Desafortunadamente, esa lección no parece haber sido aprendida, ni puesta en práctica, por lo menos hasta que George W. Bush deje la Casa Blanca en enero de 2009.
¿El mundo soportará hasta esa fecha?
(Foto: Associated Press).





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