En los últimos días, una de las noticias más importantes ha sido la acusación fiscal contra Ollanta Humala por presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas en 1992, cuando comandaba la base militar de Madre Mía, en el departamento de Huánuco.
¿Qué quiere decir esto? Que existen los elementos suficientes para llevar a Ollanta Humala a un proceso judicial por las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas ocurridas en las localidades cercanas a la base de Madre Mía, las cuales fueron denunciadas tanto en 1992 ante la Cruz Roja Internacional como durante la campaña electoral.
Sin duda, el caso de Humala suscita el interés periodístico, dado que fue quien ocupó el segundo lugar en las elecciones y, paradójicamente, tuvo altas votaciones en los lugares dónde el conflicto armado interno fue más intenso. Esto hace que el proceso judicial que se inicie en los próximos días cobre una importancia significativa, más aún si uno de los testigos del caso se ha retractado recientemente, aunque con una sospechosa compra de una motocicleta de por medio.
Pero este caso también nos permite confirmar el doble rasero con el que algunos medios de comunicación y parte del público en general trata el tema del pasado reciente de violencia ocurrido en nuestro país.
Resulta francamente curioso que periodistas como Alamo Pérez Luna y Jaime Bayly, de quienes no se recuerda un pronunciamiento en favor de los derechos humanos en el Perú durante su larga trayectoria, fueran dos de los abanderados de la denuncia contra Humala. Más en el caso de Pérez Luna, conocido por hacer los reportajes favoritos del Servicio de Inteligencia Nacional en la fenecida “La Revista Dominical”, así como la entrevista de los siameses Fujimori y Montesinos.
Pero resulta aún más paradójico y bochornoso que diarios como Expreso y Correo fueran quienes den mayor cobertura a este caso. Ambos diarios sí dan credibilidad a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos cuando se trata de las denuncias contra el ex candidato presidencial de UPP. Sin embargo, son los mayores azuzadores de las campañas mediáticas contra las organizaciones de defensa de los derechos humanos (acusándolas de pro - terroristas e incluso pretendiendo sostener que interfieren con la independencia del Poder Judicial) y contra la Comisión de la Verdad y Reconciliación, lanzando una serie de acusaciones y comentarios ya comunes y que oportunamente hemos deslindado desde esta tribuna.
Los mismos diarios que aplauden a Rolando Souza o a Luis Iberico cuando proponen comisiones de indulto para los militares que violaron derechos humanos durante la lucha contra el flagelo subversivo son los mismos que darían cadena perpetua a Humala por cometer exactamente los mismos actos que intentan tapar con su línea editorial. ¿En que quedamos?
No se entienda esta columna como una defensa de Ollanta Humala. Por el contrario, uno de los motivos por los que no voté por el comandante fue justamente por estas denuncias que, en efecto, se encuentran bien documentadas. Pero sí sirve para poner en claro que algunos medios de comunicación, que la pegan de modernos en economía y saltan cada vez que se quiere mover el modelo económico, tienen un doble standard cuando se trata de la vida de sus compatriotas. Parece que sus directores bien podrían ser protagonistas de “Esta Sociedad” o de los peores momentos de “La Boca del Lobo”.




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