SEGUNDO ACTO: REMEZON EN LA CATEDRAL

Que Juan Luis Cipriani es un personaje polémico, no hay ninguna duda. Lo confirmó el día viernes 28 de julio, en plena misa de Acción de Gracias por el 185 aniversario de la independencia nacional. Ese día, Cipriani, en la última ceremonia oficial de Alejandro Toledo, dijo lo siguiente sobre la CVR:

De manera muy respetuosa y, al mismo tiempo muy clara (quiero) dejar muy clara mi posición en la historia ante dos hechos, el primero de ellos mi rechazo a gran ‘parte de los juicios emitidos por la CVR, por un lado especialmente a aquellos que hacen referencia a la actuación pastoral en las iglesias locales de Huancavelica, Apurímac y Ayacucho a las que rindo mi homenaje por los durísimos años que les tocó vivir y que de una manera injusta la CVR ha enjuiciado muy negativamente. ¡A mis hermanos de la sierra central mi cercanía y apoyo!

Y a esta declaración se sumó otra en la misma homilía, donde señaló que la Comisión había “maltratado” a las Fuerzas Armadas, Policiales y a los Comités de Autodefensa (ronderos).

Comencemos por este último punto. Como lo hemos consignado ya en otro comentario previo, lo que la CVR dijo sobre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional fue lo siguiente:
- El Estado tenía derecho a utilizar a sus Fuerzas Armadas y Policiales y declarar estados de emergencia, instituciones consideradas por la Constitución como garantías de protección frente a situaciones de grave riesgo. Sin embargo, la Comisión critica y deplora que los gobiernos que decidieron utilizar estos instrumentos e instituciones no tomaran las previsiones para impedir las violaciones de los derechos fundamentales de la población.
- Se reconoce la sacrificada labor que militares y policías tuvieron durante los años de violencia, rindiendo homenaje a los miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales que murieron o quedaron discapacitados en cumplimiento de su deber.
- El orden democrático a defender era aquel que aseguraba el derecho a la vida y la dignidad de todos, hecho que no fue entendido por todos los responsables de conducir y ejecutar las acciones de defensa del Estado. Por ello, la CVR encontró, en el transcurso de sus investigaciones y de acuerdo a las normas internacionales sobre derechos humanos que, en ciertos lugares y periodos de tiempo, las Fuerzas Armadas cometieron violaciones sistemáticas y/o generalizadas contra los derechos humanos y, además, existen fundamentos para señalar la comisión de delitos de lesa humanidad por parte de algunos miembros de las instituciones castrenses.
- Esta dolorosa tarea no fue emprendida con el ánimo de perjudicar a las Fuerzas Armadas. Por el contrario, el espíritu de trabajo de la CVR implicó el relato y caracterización de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas del orden, con el fin de evitar que se comentan acciones que no contribuyan a mejorar su accionar práctico frente a cualquier forma de subversión o terrorismo y a respetar la democracia y el Estado de Derecho.

Sobre los Comités de Autodefensa (CAD), la CVR mencionó que los campesinos tenían el derecho a defenderse en el contexto excepcional planteado por la agresión de Sendero Luminoso, formándose los CAD, organizaciones que fueron un factor muy importante en el desenlace del conflicto y en la victoria final contra la subversión. Resalta, asimismo, que no se convirtieron en sicarios del narcotráfico ni se involucraron en otras actividades ilícitas, señalándose, además, que el Estado tiene una deuda pendiente con los ronderos. Sin embargo, no deja de mencionarse que, en ocasiones, resultaron responsables de crímenes que deben ser sancionados.

Vayamos ahora a lo que tanto molesta al Cardenal. El recordatorio de su actuación y declaraciones como Obispo Auxiliar y luego como Arzobispo de Ayacucho durante los años de violencia. Para ser sinceros, se reconoce como positiva la labor de Cipriani como mediador durante la toma de rehenes en la residencia del embajador del Japón en Lima, e incluso se consignan los comunicados y declaraciones donde el ahora Cardenal se lamentaba por no haber llegado a una solución pacífica a dicha crisis (Ver IF CVR, Tomo III, páginas 397 y 398).

Sin embargo, Cipriani fue a contracorriente de las acciones y declaraciones de la Iglesia Católica durante los años de violencia – y, además, de lo señalado por el evangelio sobre el amor al prójimo y la solidaridad – con las siguientes acciones y declaraciones:
- En la puerta del arzobispado de Ayacucho existía una pizarra que decía “No se aceptan reclamos sobre derechos humanos”. Tampoco protestó contra las masacres que hacía Sendero Luminoso ni acudió en auxilio de las víctimas.
- Cipriani participó en el Consejo de Coordinación para el desarrollo de Ayacucho, liderado por el jefe del Comando Político Militar, entidad que tenía mucho peso para el nombramiento de personas.
- En 1990 boicoteó el trabajo de la Oficina Arquidiocesana de Acción Social de Ayacucho (OOASA). Esta oficina realizaba labores de asistencia humanitaria y a las víctimas de la violencia y sus familiares. Cipriani quería una Iglesia centrada en el culto y la oración, en desmedro de la promoción social. Cabe mencionar que, luego de su cierre, los archivos de OOASA fueron quemados.
- Marzo de 1991: “Mientras no afirmemos con claridad que los derechos humanos no son unos valores absolutos intocables, sino que están permanentemente sometidos a los límites que les señalen unos deberes humanos, es imposible afrontar con eficiencia los males que padecemos, especialmente la inmoralidad en las funciones públicas y el terrorismo. Digámoslo de forma sintética: la mayoría de instituciones llamadas de “defensa de los derechos humanos” son tapaderas de rabo de movimientos políticos, casi siempre de tipo marxista y maoísta”.
- Agosto de 1991: “La Iglesia hace menos, y no más, por la paz, si abandona su propia esfera de fe, educación, consejo, oración y amor y se transforma en una organización política”.
- Mayo de 1992, a propósito de la venida de la misión de la OEA, a raíz del golpe de estado del 5 de abril: “aprecio y respeto la misión de la OEA en nuestro país. Sin embargo, debo afirmar que los problemas políticos del Perú los resuelven los peruanos”.
- Octubre de 1992, durante la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Santo Domingo, Cipriani se manifestó a favor de aplicar la pena de muerte a Abimael Guzmán. La Conferencia Episcopal Peruana, en marzo de 1993, respondió a estas declaraciones con el mensaje “Por una sociedad más justa y solidaria”, donde señala que toda violación a los Derechos Humanos contradice el Plan de Dios y es pecado y que, al proclamar el evangelio, se invoca la raíz profunda de los derechos humanos. Se insiste, además, en el tema de la defensa de la vida.
- 27 de julio de 1993: Cipriani señaló, sobre la inclusión de la pena de muerte en la Constitución de 1993: “No podemos permitir que por el miedo, temor y cobardía de unos cuantos el país no apruebe la pena de muerte. No podemos temblar de miedo. El mundo cambia día a día y no a favor de los cobardes”. El Cardenal Juan Landázuri respondió: “El señor dice: yo no quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva”.
- 10 de diciembre de 1993 – paradójicamente, Día Internacional de los Derechos Humanos -, sobre el caso La Cantuta: “El caso La Cantuta está siendo utilizado políticamente y bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos se está dando el último intento de atropellar la libertad del pueblo peruano”.
- 14 de abril de 1994. Entrevista en Caretas. Consignamos dos de sus declaraciones: “En un contexto violento como el de Ayacucho, las muertes, desapariciones y abusos son parte de la guerra. Los defensores de los Derechos Humanos le llamarán guerra sucia. Yo creo que las Fuerzas Armadas tuvieron que utilizar estos mecanismos para conocer cómo y donde ocurrían estos asuntos. Y cuando se utilizaron estos medios, naturalmente hubo muertos de un lado y otro” “He salido al frente de los pobres y de los que han masacrado esta ciudad. Y durante ese trajín no he visto a los de la Coordinadora de Derechos Humanos, esa cojudez
- 18 de junio de 1995: Cipriani respaldó la ley de amnistía como una decisión política apropiada para lograr la paz interna “porque es necesario perdonar para alcanzar la reconciliación”.
- 11 de noviembre de 1997: Criticó a Mario Vargas Llosa por señalar que en el Perú se vivía una dictadura solapada, lo que daba una imagen “profundamente negativa” en el exterior.

¿Estas son cojudeces, Monseñor Cipriani?

10 Respuestas a “CVR: LAS CUENTAS CLARAS (2)”
  1. Walter Villegas dice:

    Como tú mismo lo has dicho Godoy, el Cardenal Cipriani, en ningún momento ha declarado en su vida que los Derechos Humanos, sean un cojudez; lo que él ha dicho es que la Coordinadora de Derechos Humanos es una cojudez, y yo le doy mi total respaldo y apoyo político y moral a las palabras del Cardenal porque en realidad esa Corrdinadora de derechos Humanos no es solamente una cojudez sino que es una reverenda cojudez, asi lo digo, una reverenda cojudez, y para que oh!!!!no te espantes ni tú ni tus amiguitos caviares hay que deslindar dos cosas; una cosa muy diferente son los Derechos Fundamentales o los derechos Humanos que podamos tener todos los seres humanos per se, por nuestra condicion de seres vivos racionales y n otan sólo materia; y otra cosa muy diferente, óyelo bien es esa cojudez de Coordinadora, ya que a manera de analogía ellos vendrían a ser el SUTEP de los DERECHOS HUMANOS, y no solamente ellos sino todas las organizaciones de “DERECHOS HUMANOS” de corte caviar; porque haxcen demasiada alharaca cuando mis ojos ven y mi corazón siente que no hacen absolutamente nadie por ningún campesino pobre que aún está vivo, que está necesitando de su ayuda de su colaboración, de preocuparse por campesinos que aún están vivos, pero no, mas se preocupan por gente que ya está materialmente muerta, y que nadie ya los va a resucitar, que tal tontería, hagan algo por los vivos y dejad que los muertos entierren a sus muertos” como dijo el Señor Jesús.
    Ahora cuando el Cardenal Cipriani, mencionó aquellas frases en la Homilía, lo hizo de una manera muy respetuosa, a Toledo y a sus amiguitos de la CVR, porque el Cardenal no tenía ya ninguna oportunidad de poder manifestarle claramente, poniendo los puntos sobre las “íes”, respecto al espinoso y chinchoso tema de la CVR; ya que par hacerte recordar que es la primera vez quer el archipecador de Alejandro Toledo, va a la Catedral a escuchar una misa a la Catedral, por su rivalidad con el Cardenal Cipriani y para salvar su honor el Cardenal tenía pues que expresar sus pensamientos para eso acaso no existe la libertad de expresión???, como ustedes tanto reclaman.
    Exijo mas respeto por la investidura del Cardenal, he dicho!!!!

  2. Jose Alejandro Godoy dice:

    Walter:
    La frase la he copiado tal cual.
    Por si no sabes, la Coordinadora tiene una mesa de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la que se tratan temas como la relación entre minería y comunidades o los efectos que puede tener el TLC en la agricultura del norte. También se enfoca el tema de la salud y de la educación. Por tanto, no puedes señalar que se tiene una visión sesgada de la realidad.
    ¿Preocupación solo por los muertos? Parece que olvidas que todo muerto deja una familia detrás, la cual merece atención, más aún si fue víctima de asesinatos, torturas, violación sexual, desaparición forzada. Y toda víctima merece reparación. Repasa tu libro de introducción a los derechos humanos para que te des cuenta que eso es un derecho fundamental también.
    Otro aclare: Toledo fue a todos los Te Deum.
    Finalmente: No puedo tener respeto por un pastor que no cumplió con su labor. Lo tengo por la gente del Opus que se faja todos los días por cumplir su fe en su vida diaria, pero no en un pobre hombre que, en el momento más difícil, no supo apoyar a sus feligreses.

  3. WALTER VILLEGAS dice:

    SI PUES PERO PREOCUPENSE MAS POR LOS VIVOS QUE POR LOS MUERTOS O POR AQUELLOS POBRES PENSANDO CON QUE MECANISMOS SE LES PUEDE SACAR DE LA POBREZA.

  4. Jose Alejandro Godoy dice:

    Recuerda que el mayor porcentaje de víctimas se dio entre la gente más pobre y que, justamente, las reparaciones se destinarían prioritariamente a dicho segmento de la población, complementando, además, lo que hacen los programas sociales.

  5. Walter Villegas dice:

    Es muy cierto y atinado lo que ha declarado el Cardenal Cipriani, durante todo el quinquenio del toledato; las Fuerzas Armadas en su conjunto, es decir tanto el glorioso Ejército del Perú, la Fuerza Aeréa del Perú y la noble Marina de Guerra del Perú; han sido maltratados y vituperados mediáticamente y con actos de gobierno del gobierno de Alejandro Toledo, donde se las relegaba a un lado; claro si desde su juventd Toledo y su mujer han sido unos pobres y tristes diablos hippies, con una orientación nihilista y poco productiva de la vida, con un sentido poco realista de la vida, mas dedicados a la marihuana, a las drogas y al “amor fácil”, siempre avocados y conducidos por una visión izquierdista, con pensamientos distorsionados y desatinados en la vida.ç
    Por eso bien merecido se tenian su “jalón de orejas” Toledo y los ex-Comisionados de la CVR, que también han cometido un sin número de pecados durante toda su vida….que mejor para que mencionarlos…sino habría que hacer una enorme lista de por lo menos 25 páginas con letra Sabonis en Arial 5.

  6. Jose Alejandro Godoy dice:

    Parece que se equivocan los términos de la discusión: lo que se discute es la conducta publica de Cipriani, no lo que haga en su alcoba.
    Por cierto, menos ataques ad hominen harían más productivo tu esfuerzo de comentar los post.

  7. Walter Villegas dice:

    José Alejandro ,ya te he dicho mas de mil veces que respetes la investidura del Cardenal Cipriani, como Jefe y representante de la Iglesia Católica en el Perú, recuerda que siempre debemos mantener buenas relaciones con la Iglesia Católica, por su gran nivel de influencia social en el país.

  8. Jose Alejandro Godoy dice:

    Real Politik, le llaman algunos.
    Real necedad, le llamo yo.
    Ni por principio, ni por conveniencia política, le besaría el anillo a Cipriani.

    Por lo demás, quien tiene la voz oficial de la Iglesia Católica es la Conferencia Episcopal Peruana, la cual, por cierto, avala las conclusiones de la CVR y con la cual AGP se acaba de crear un problema, con esto de la pena de muerte.

  9. Jose Alejandro Godoy dice:

    LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN EL PERÚ ANTE EL INFORME DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN

    A nuestros colaboradores religiosos y laicos, asociaciones laicales vinculadas a la Compañía (Apostolado de la Oración, Asociación de Antiguos Alumnos, Comunidades de Vida Cristiana), Red Apostólica Ignaciana, congregaciones religiosas, bienhechores, familiares y amigos todos:

    1.- Es misión constitutiva de la Compañía de Jesús promover la reconciliación. Según la Formula Instituti la Compañía se funda, entre otros fines, para “reconciliar a los desavenidos”. Por ello, en esta fiesta titular de la Compañía y consagrada por el Sumo Pontífice a celebrar la Jornada Mundial de la Paz queremos decir nuestra palabra como “servidores de la misión de Cristo” en el Perú sobre un hecho que ha marcado al país: el trabajo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación y su informe final presentado el 28 de agosto pasado.

    2.- Deseamos expresar nuestra gratitud a todos los miembros de la CVR y a sus colaboradores por el ingente esfuerzo realizado, en una misión que le encomendó el Estado, para revelarnos aspectos vitales de la realidad de nuestra patria que, por dolorosos, muchos prefieren ignorar o rechazar. Valoramos en particular la metodología empleada que permitió no sólo la participación de destacados especialistas sino de las mismas víctimas y familiares, muchos de ellos campesinos quechuahablantes o nativos indígenas quienes, a través de las audiencias públicas, nos han hecho sentir su voz.

    3.- El informe nos muestra “la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado” expresada en un número de víctimas mucho mayor al que temíamos y grados de violencia que nunca imaginamos. Pero, peor aún, el informe nos expresa también que esa tragedia “no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR, el velado racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República”. La conclusión es clara: la superación de las condiciones que nos llevaron a tales niveles de violencia sólo podrá alcanzarse cuando corrijamos radicalmente nuestras actitudes y comportamientos racistas y etnocéntricos.

    4.- La CVR atribuye, con toda razón, la principal responsabilidad de este período de vergüenza nacional a los grupos terroristas que iniciaron la guerra. Lamentablemente, el Estado no estuvo a la altura de la dignidad de las personas que dice defender. Por ello, es importante recordar la palabra del Papa en su mensaje del día de hoy: “La lucha contra el terrorismo no puede reducirse sólo a operaciones represivas y punitivas. Es esencial que incluso el recurso necesario a la fuerza vaya acompañado por un análisis lúcido y decidido de los motivos subyacentes a los ataques terroristas. Al mismo tiempo, la lucha contra el terrorismo debe realizarse también en el plano político y pedagógico: por un lado, evitando las causas que originan las situaciones de injusticia de las cuales surgen a menudo los móviles de los actos más desesperados y sanguinarios; por otro, insistiendo en una educación inspirada en el respeto a la vida humana en todas las circunstancias” (Un compromiso siempre actual: educar para la paz, 1º de enero de 2004, n. 8).

    5.- La CVR reconoce el importante papel de “acompañamiento y protección de los peruanos golpeados por la violencia” desempeñado por las Iglesias. Nuestra presencia en la sierra central y en otros lugares vulnerables del país nos hizo actores y testigos de privilegio de estas acciones eclesiales. Sin embargo, la Iglesia -y nosotros con ella- admite que no hizo todo lo que estuvo a su alcance. Por ello nos unimos a nuestros obispos, en su reciente comunicado, para “pedir perdón por nuestros pecados de obra y omisión que permitieron y encubrieron la violación de los más elementales derechos humanos. Pedir perdón también por la corrupción pública o privada, el afán de lucro, las estructuras sociales injustas, la indiferencia, la marginación y el olvido de tantos hermanos y hermanas, de manera especial de los más pobres del Perú”. A la vez, consideramos con ellos que no hay perdón sin conversión y que ella nos debe llevar a “una reconciliación basada en la verdad y la justicia”. Reconciliación que significa “reforma institucional, conversión personal, deshacer las murallas de la marginación, del racismo solapado, de la desigualdad, de la injusticia” (Preparemos el camino del Señor, Lima, 13 de diciembre del 2003, nn 7 y 16).

    6.- Las conclusiones del informe nos llevan a cuatro compromisos concretos:

    a.- Una mayor coherencia con nuestra misión de buscar y hallar la reconciliación basada en la paz y la justicia. En tal sentido, todas nuestras obras apostólicas (sociales, pastorales, educativas, culturales, académicas, y comunicacionales) deben reflexionar sobre el Informe de la CVR de modo crítico e institucionalmente y readecuar sus idearios y proyectos apostólicos en función de las conclusiones que de él dimanan. Así mismo, deben plantearse acciones de apoyo exigidas por la solidaridad cristiana a las regiones más afectadas por la violencia.

    b.- Desarrollar una educación promotora de “una cultura de paz y solidaridad”. Nuestras plataformas educativas deben recoger el Informe e implementar currículas y programas educativos en todos los niveles de modo tal que favorezcan el conocimiento de las diferentes realidades del país, el diálogo intercultural y la transmisión de valores éticos y ciudadanos para una auténtica convivencia democrática.

    c.- Como servidores de la fe en un pueblo de rica vivencia religiosa queremos continuar anunciando la palabra de Dios y celebrando los sacramentos de la reconciliación que Dios ha confiado a su Iglesia. En la medida de lo posible, desde nuestras obras pastorales deseamos acompañar a la víctimas de la violencia y a sus familiares. Al mismo tiempo, deseamos ofrecer nuestras casas y obras al servicio de una acción eclesial de conjunto que promueva una mayor presencia de la Iglesia en las zonas afectadas.

    d.- Esta misión también atañe a la calidad de nuestra vida religiosa, personal y comunitaria. Sólo seremos signos de un Perú nuevo si nuestras comunidades y obras se fortalecen como espacios de convivencia y diálogo de diferentes procedencias étnicas, de distintos sectores sociales y de diversas raíces culturales en la realización de una misma misión: “el servicio de la fe, la promoción de la justicia, la proclamación inculturada del evangelio y el diálogo interreligioso” (Congregación General 34, doc. 2).

    7.- Finalmente, estos compromisos no lo podemos desarrollar solos. Por ello, queridos amigos, esta comunicación es también y al mismo tiempo una convocatoria. Un llamado a todos ustedes a colaborar juntos en esta misión y, sobre todo, a renovar nuestra esperanza en la construcción de un país nuevo que, como decía José María Arguedas, se encuentra “impaciente por realizarse”. Pidamos al Señor Príncipe de la Paz y a María Madre de los Desamparados que fortalezcan nuestra fe y bendigan nuestra acción con frutos de paz y de justicia.

    Ernesto Cavassa, S.J.
    Provincial

    1º de enero de 2004
    Fiesta de Santa María Madre de Dios y del Nombre de Jesús

  10. Jose Alejandro Godoy dice:

    “PREPAREMOS EL CAMINO DEL SEÑOR”

    (Mensaje de los Obispos del Perú para la Navidad 2003)

    Lima, 13 de diciembre de 2003

    Introducción

    1. El 28 de agosto último, la Comisión de la Verdad y Reconciliación cumplió con entregarnos el Informe Final de “sus investigaciones sobre el proceso de violencia de origen político que se vivió en el Perú entre los años 1980 y 2000”. Nosotros asumimos dicho Informe, con las limitaciones que pueda tener, porque es un trabajo valioso y punto de partida para seguir adelante, pues, como lo dijimos en nuestro Mensaje del pasado 21 de Agosto: “El Perú quiere conocer la verdad, busca la justicia y anhela la reconciliación”.

    2. Como Pastores de la Iglesia nos encontramos hoy muy preocupados por los últimos enfrentamientos políticos que afectan negativamente a los grandes objetivos del Perú. Hacemos un llamado a la paz y a la serenidad en búsqueda de un clima de esperanza para nuestro pueblo.

    3. En este tiempo de vigilante espera para celebrar la Navidad, nos dirigimos a todos los Peruanos de “buena voluntad”, para que caminando al lado de nuestros hermanos “más pequeños” (Mt 25,40), preparemos el camino del Señor (Mt 3,3).

    Yo confieso que he pecado mucho…

    4. Miremos, con los ojos de Jesús, la reciente historia de nuestra patria, particularmente el período que va de 1980 al 2000, marcado de luces y sombras que nos interpelan.

    5. Hay “luces” por las que debemos dar gracias a Dios. Tanto en la ciudad como en el campo fueron muchos los que ofrecieron su vida por causa de la justicia, levantaron su voz profética para acabar con la espiral de violencia política, como otros tantos “samaritanos” se compadecieron de los heridos y se acercaron para socorrerlos, compartieron llanto y dolor ante la muerte o desaparición de sus seres queridos.

    6. Lamentablemente, hubo también “sombras” que oscurecieron nuestra historia: asesinato de personas y poblaciones, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas, tratos inhumanos, violaciones sexuales; destrucción de nuestros escasos medios de producción y servicios, discriminación y exclusión, desplazados, la frustración de muchos niños y jóvenes.

    7. En este contexto de conversión y arrepentimiento, la Iglesia en el Perú y todos los peruanos debemos pedir perdón por nuestros pecados de obra y omisión que permitieron y encubrieron la violación de los más elementales derechos humanos. Pedir perdón también por la corrupción pública o privada, el afán de lucro, las estructuras sociales injustas, la indiferencia, la marginación y el olvido de tantos hermanos y hermanas, de manera especial de los más pobres del Perú.

    8. Sin embargo, no debemos desesperar. Contamos con la ayuda de Dios y con la reserva moral que todavía existe en nuestra Patria, para levantarnos y todos juntos forjar “nuevos cielos y nueva tierra, en la que habite la justicia” (2Pe 3,13).

    Ir a las raíces de la injusticia

    9. En 1968, los Obispos reunidos en Medellín denunciaron la existencia de “una situación de injusticia que puede

    llamarse de violencia institucionalizada”; al mismo tiempo expresaron una profunda preocupación: “No hay que abusar de la paciencia de un pueblo”[1]. “A la luz de la doctrina social de la Iglesia se aprecia también, más

    claramente, la gravedad de los pecados sociales que claman al cielo, porque generan violencia, rompen la paz y la armonía entre las comunidades de una misma nación, entre las naciones y entre las diversas partes del Continente”[2].

    10. A pesar de los años transcurridos, lo que los Obispos del Perú dijimos en 1971 tiene validez para nuestros días: “Compartimos con las naciones del Tercer Mundo el ser víctimas de sistemas que explotan nuestros recursos económicos, controlan nuestras decisiones políticas, nos imponen la dominación cultural de sus valores y de su civilización de consumo. Esta situación, denunciada por el Episcopado Latinoamericano en Medellín, se refuerza y mantiene por la estructura interna de nuestros países, de creciente desigualdad económica, social y cultural, de perversión de la política que no sirve al bien de todos sino al de unos pocos”[3].

    11. Para que ese tiempo de vergüenza nacional no se repita nunca más, “hemos de ir a las raíces de ciertas situaciones dolorosas”[4]. En otras palabras, hacen falta: “transformaciones globales, audaces, urgentes y

    profundamente renovadoras”[5].

    “Denles ustedes de comer”

    12. No podemos quedarnos indiferentes e insensibles “cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren miseria, cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia, cuando aún quedan por construir tantas escuelas, hospitales, viviendas dignas de este nombre”[6].

    13. También es bueno recordar las palabras del Papa Juan Pablo II: “¿Cómo no hacer atentos nuestros oídos y vigilantes nuestros corazones, comenzando a poner a disposición aquellos cinco panes y aquellos dos peces que Dios ha depositado en nuestras manos? Todos podemos hacer algo por ellos, llevando a cada uno la propia aportación. Ciertamente esto exige renuncias, que suponen una interior y profunda conversión. Es necesario, sin duda, revisar los comportamientos consumistas, combatir el hedonismo, oponerse a la indiferencia y a la exculpación de las responsabilidades”[7].

    14. Tratándose de las reparaciones individuales o colectivas, tengamos presente el camino recorrido por nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia política. “Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado; y obliga en conciencia”[8]. En este

    deber de reparación, se debe hacer una clara diferencia entre las reparaciones (individuales y colectivas) y los programas de desarrollo que corresponde realizar al Estado.

    Por una reconciliación basada en la verdad y la justicia

    15. Después de los acontecimientos dolorosos que hemos sufrido y siendo el Perú un pueblo mayoritariamente cristiano, debemos caminar hacia una reconciliación integral, basada en la verdad y la justicia. Esto implica reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos, con el prójimo y con la naturaleza que nos rodea.

    16. Reconciliación significa también reforma institucional, conversión personal, deshacer las murallas de la marginación, del racismo solapado, de la desigualdad, de la injusticia.

    17. Sólo así, desde la mirada del Señor podemos hablar del perdón y la misericordia. En efecto, el perdón y la misericordia son la manera suprema de establecer la justicia y rehacer los lazos entre las personas. Recordemos que Dios le echa en cara a su pueblo su maldad, pero también le manifiesta el amor que le tiene (Os 2,21-22). Es Dios quien nos llama al arrepentimiento y a la conversión. Si este pueblo se arrepiente, el Señor le ofrece de antemano su perdón. La misericordia no es impunidad, es un llamado amoroso a la conversión.

    18. La oración del “Padre nuestro” nos invita a perdonar, para que también nosotros recibamos el perdón de Dios: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El rencor y la sed de venganza atan, paralizan y alimentan una espiral de violencia y confrontación permanente. “El perdón no se opone a la justicia, sino a la venganza”[9].

    Conclusión

    19. Este tiempo de Adviento y Navidad es un momento particularmente apto “para que los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza”[10]. El perdón

    es un signo distintivo del cristiano (Mt 5,43-48; Lc 6,27-36), no el odio y el rencor. No dejemos pasar la oferta de perdón y de vida nueva que trae consigo el día en que la Virgen María dio a luz a Jesucristo, nuestro hermano y redentor.

    Lima, 13 de diciembre de 2003.

    Los Obispos del Perú.

    1. Medellín. Conclusiones. II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, n.16. 1968.

    2. Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Postsinodal Iglesia en América, 56.

    3. Documento de la Asamblea General del Episcopado sobre la justicia en el mundo, para el Sínodo de los

    Obispos # 2. Agosto, 1971.

    4. Juan Pablo II, Ayacucho, 1985.

    5. Medellín. Conclusiones. II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, n.16. 1968.

    6. Pablo VI. Carta Encíclica sobre el desarrollo de los pueblos, 1967, n.53.

    7. Juan Pablo II. Mensaje para la Cuaresma de 1996.

    8. Catecismo de la Iglesia Católica, 2487.

    9. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2002

    10.Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II.

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