No es una tarea fácil hacer el balance de un periodo de 5 años. Muchas cosas se quedarán sin duda en el tintero y, muy probablemente, todos tengamos opiniones distintas sobre lo que ocurrió en el quinquenio que culmina este viernes. Pero haremos el intento de hacer un juicio severo y, a la vez, desapasionado de lo que ocurrió durante la presidencia de Alejandro Toledo.
PARENTESIS PARA LA REFLEXION
Quisiera comenzar por una reflexión personal. Días antes de que comenzara el periodo gubernamental, en los canales de televisión se propaló un spot publicitario en el que situaciones de la vida cotidiana eran presentadas junto a frases que representaban lo que, en ese entonces, se decía de la política:
- Ya no hay dictadura (mientras una persona cerraba el paso con su auto a otro)
- Ya no hay violaciones a los derechos humanos (mientras una persona roba su cartera a una señora)
- Ya no hay impunidad (mientras un conductor soborna a un policía).
El comercial culminaba con unas palabras que, a decir verdad, eran todo un mensaje a la Nación en sí mismas: Para que el país cambie, sólo falta que cambiemos nosotros.
Una pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuánto hemos hecho, cada uno de nosotros, para que el país cambie durante estos cinco años?
Ahora sí, entremos en materia.
DEMOCRACIA, INSTITUCIONALIDAD Y DERECHOS HUMANOS: ENTRE EL RESPETO Y LAS REFORMAS QUE DEJARON DE HACERSE:
Uno de los principales activos del Presidente Toledo es su respeto por las instituciones democráticas. Salvo algunos incidentes menores, no han existido mayores contratiempos en las relaciones que ha tenido con los otros poderes del Estado y los organismos constitucionalmente autónomos. Toledo no intervino en el Poder Judicial y no ha existido, como algunos desprevenidos alegan, una “persecución política” en contra de nadie. Además, ha celebrado elecciones libres, justas y transparentes, donde fue elegido como su sucesor Alan García Pérez.
Este hecho, que en otros países sería algo natural, es un logro en el Perú. Nuestra historia ha estado plagada de dictadores y de presidentes que, elegidos por el voto popular, vulneraron la Constitución en múltiples oportunidades.
Toledo tuvo que enfrentar, sin embargo, la precariedad de su bancada parlamentaria. Más de 300 proyectos de ley fueron observados por el Presidente, muchos de los cuales fueron propuestos por los miembros de su bancada. Las disputas internas dentro de su grupo político - muchas de las cuales alcanzaron ribetes de escándalo - minaron la credibilidad presidencial.
Toledo ha respetado la libertad de expresión, derecho ejercido con total libertad durante este periodo, incluso con excesos e insultos contra el propio Presidente. La prensa se convirtió, como no lo hizo durante la década pasada – algunos por convicción, otros por miedo, la mayoría por venta de línea editorial – en un ente fiscalizador. Pero, en ocasiones, pareció concentrarse demasiado en los gestos antes que en las acciones (u omisiones) de gobierno.
Otra diferencia con buena parte de sus predecesores es el respeto que el régimen tuvo frente a los derechos humanos. Recordemos que los gobiernos de Belaúnde y García (en su primer periodo) toleraron violaciones contra los derechos fundamentales de los peruanos, mientras durante el fujimorato no solo se toleraron sino que también se cometieron desde la estructura del Estado. Merece destacarse, además, la aprobación del Plan Nacional de Derechos Humanos.
Sin embargo, creemos que Alejandro Toledo, más allá de las palabras, olvidó que su labor, como Presidente de una transición democrática, era iniciar y consolidar un conjunto de reformas institucionales que permitieran asegurar al país, al cabo de 5 años, una democracia más sólida.
Si bien se iniciaron algunas transformaciones en la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas – instituciones maltratadas durante el régimen fujimorista – estas no permanecieron en el tiempo por la salida de sus impulsores de los Ministerios que las encabezaban: Fernando Rospigliosi, Gino Costa y Aurelio Loret de Mola.
En lo que respecta al Poder Judicial, si bien se tuvo la voluntad política de crear la Comisión Especial para la Reforma Integral de la Administración de Justicia (CERIAJUS), no se implementaron sus recomendaciones, algunas de las cuales competían al Poder Ejecutivo.
Si bien debe reconocerse que el gobierno respaldó – en el discurso y con recursos – la labor de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, tuvo una incomprensible lentitud en la implementación de sus recomendaciones, en particular, de las reformas institucionales planteadas por este grupo de trabajo. En general, el gobierno careció de un real entendimiento de lo que estas recomendaciones planteaban: los requisitos para la consolidación de una democracia a largo plazo en el Perú y no meros programas sociales focalizados.
En lo que respecta a la lucha contra la corrupción, no se apreció una política integral sobre la materia ni se tuvo el apoyo político (y presupuestal) requerido. No sin sobresaltos, los procuradores anticorrupción han cumplido, en términos generales una muy buena labor. Pero el gobierno no implementó la Iniciativa Nacional Anticorrupción propuesta durante el gobierno de Paniagua, ni se hizo un deslinde claro con algunos parlamentarios de la bancada oficialista que hacían primar sus intereses particulares por sobre los del país y la transparencia. Jorge Mufarech es el caso más clamoroso.
Esta carencia de espíritu reformista es lo que no hace a Toledo un gran presidente (a despecho de lo que Garavito y Sheput digan por calles y plazas). A ello se sumó una conducta errática referente a gestos – como el sueldo presidencial, el reconocimiento de su hija, o la carencia de críticas hacia sus hermanos que cometían incidentes pasibles de investigación penal, o los constantes gazapos de la Primera Dama – que poco ayudaron a que la institución presidencial recuperara el prestigio perdido durante los noventa.
A esto se sumó el hecho de que un grupo de parlamentarIos de la oposición y un sector de la opinión pública pidieran la vacancia presidencial sin que existiera un motivo de fondo o causal para ello. Esto debilitó al gobierno a tal grado que su vocación reformista se diluyó rápidamente.
Finalmente, el gobierno supo capear con cierto éxito la asonada de Andahuaylas, donde Antauro Humala tomó una comisaría para obligar al gobierno a renunciar. Ello acabó con la detención de Humala y sus seguidores por rebelión contra el Estado democrático. Lamentablemente, perdieron a vida 6 personas, entre ellas 4 policías.
REFORMA DEL ESTADO Y DESCENTRALIZACION: RETOS PENDIENTES:
La mejor noticia en reforma del Estado fue la aprobación de la reforma constitucional del régimen pensionario del Decreto Ley 20530, que tenía como agregado la llamada “cédula viva” que homologaba el sueldo de los pensionistas con el de los trabajadores en actividad. Asimismo, el inicio del proceso de descentralización, con todas sus complicaciones, puede considerarse como un logro de este gobierno.
Sin embargo, no se avanzó mucho en materia de reforma del Estado. Aun el aparato estatal sigue siendo desordenado, sin una escala de sueldos y sin asegurar una carrera pública por méritos. A ello se suma el hecho de la precariedad laboral con la que se maneja como empleador.
En el caso de la descentralización, su capacidad de gestión sigue siendo limitada, tanto por las limitadas transferencias como por los pocos proyectos que pasaron la valla del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP).
RELACIONES EXTERIORES: ACEPTABLE PERO…:
Alejandro Toledo tuvo una buena imagen en el exterior. Su historia personal de éxito y su origen andino, además de sus contactos internacionales, le permitió mantener una buena relación con la mayor parte de líderes mundiales importantes.
Toledo tuvo una relación muy cercana con los Estados Unidos. Prueba de ello fueron la visita que hizo George W. Bush a Lima, la ampliación del Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andinas (APTDEA) y las negociaciones para la firma de un Tratado de Libre Comercio, cuya aprobación está pendiente en Estados Unidos. Sin embargo, esta cercana relación hizo que Torre Tagle se callara en algunos temas, como la invasión norteamericana a Iraq, donde el Perú pudo tener una posición menos ambigua y más firme en rechazar dicha intervención.
Otro país con el que se tuvo una mejor relación fue con Brasil. Sin duda, se avanzaron pasos importantes para privilegiar una alianza estratégica con quien es el país más poderoso de la región. La construcción de las Carreteras Interocéanicas es parte de esta relación más fluida.
Las relaciones con Chile se vieron deterioradas, básicamente por la hipersensibilidad que se vivió frente a algunos temas (Aerocontinente, Lan Perú, Lucchetti y la compra de armas por el Ejército chileno) y al no resuelto tema de los límites marítimos. El caso con Venezuela fue diferente: fueron las palabras de Hugo Chávez las que minaron la relación.
Con Asia las relaciones no fueron fluidas como se esperaba. En el caso específico de Japón, no se pudieron superar las susceptibilidades dañadas por la presencia del prófugo Alberto Fujimori. De todas maneras, se logró la firma de un TLC con Tailandia, el inicio de negociaciones para otro acuerdo similar con Vietnam y la sede de la cumbre de la APEC para el 2008.
En suma, una gestión exterior aceptable, pero que pudo haber sido aún mejor.
LA ECONOMIA: NOTABLES AVANCES…:
Sin duda, este ha sido el campo donde mejor se ha manejado Toledo. Veamos algunas cifras:
- Crecimiento económico en promedio de 5% anual durante el quinquenio. 58 meses de crecimiento sostenido.
- Las exportaciones pasaron de 7.3 a 17.2 mil millones de dólares. Además, el rango de productos se amplió, en base al boom agroexportador de la costa.
- Inflación baja, gracias a una política fiscal y monetaria sana.
- Los compromisos de inversión ascendieron a US$ 5 mil millones y se concentraron en los sectores minería, electricidad y comunicaciones.
- Desarrollo de proyectos de inversión como Camisea, Las Bambas, Olmos, Yuncán, Alto Chicama, La Granja y Bayovar. También debe sumarse la reciente concesión del Muelle Sur del puerto del Callao.
Creemos que estos logros son meritorios y lo son más por la situación de la que veníamos.
En 1995, Jorge Camet, luego de la farra fiscal que constituyó la campaña de reelección de Fujimori declaró que había que “enfriar” la economía. Y Camet cumplió la promesa, pues a partir de 1996 - y más nitidamente, en 1998 - el Perú entró en crisis recesiva, producto del mal manejo frente a las crisis internacionales, la campaña por la re-reelección y la corrución presente en dicho periodo.
Mérito de Toledo, pero también del equipo económico que lo acompañó durante estos años.
…PERO QUEDA UNA DEUDA SOCIAL AUN PENDIENTE:
La gran paradoja del gobierno de Toledo es que, teniendo cifras positivas en lo económico, el tema social salió a relucir en toda su dimensión.
Al inicio del gobierno existieron expectativas bastante altas sobre lo que sería el gobierno. Muchos salieron a reclamar solución pronta a sus problemas. Las promesas en la campaña del 2001 fueron muchas y a ello se sumó el hecho de que el gobierno no pudo comunicar o explicar cual era la situación real del país al momento de asumir el mando. Tampoco pudo ser capaz de tener una posición firme frente a algunas demandas sociales, entendidas como capacidad de disuación y persuación (no meter bala o ir para adelante, como muchos pretendían que se hiciera). Esto fue lo que ocurrió en el caso de Arequipa (a raíz de las privatizaciones de las empresas eléctricas) y en las huelgas que se produjeron a mediados del 2003.
Los sectores sociales del gobierno fueron, sin duda, los que tuvieron un manejo más errático.
En el caso de Educación, no se tuvo una conducción política - salvo al inicio y al final, con Lynch y Sota Nadal - que pudiera controlar al SUTEP o con vocación de reforma. Si bien se cumplió con la promesa de aumentos salariales a los maestros, esto no se vio reflejado en una mejora de la calidad de la educación. El Plan Huascarán, presentado como la revolución tecnólogica, no fue bien manejado por el apresuramiento gubernamental en obtener mayores réditos en las encuestas.
En el caso de Salud, la ampliación de la cobertura del Seguro Integral de Salud hizo patente las carencias presupuestales de un sector que merece mayores recursos y mejores compras en equipo y medicamentos.
En lo que se refiere a la lucha contra la pobreza, resultó francamente patético ver a los equipos de transferencia pelearse por los puntos en que se redujo la pobreza. Lo cierto es que urge mejorar la calidad de los programas sociales y fortalecer algunos esfuerzos hechos como la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza y el programa “Juntos”.
Finalmente, el único tema social donde el gobierno se desenvolvió con cierta holgura fue el campo de la vivienda. Los programas Techo Propio, Mi Vivienda y Mi Barrio funcionaron con cierta solvencia. El reto será en ampliar estos programas para la población más pobre y convertirlos también en un instrumento para revalorizar el centro histórico de la ciudad.
REFLEXION FINAL:
En el balance final, el gobierno de Alejandro Toledo ha tenido éxitos y desaciertos. Respetó la democracia, pero la frivolidad y la carencia de reformas institucionales la siguen haciendo frágil. No violó los derechos humanos, pero no implementó a buen ritmo las recomendaciones de la CVR. Tuvo un buen manejo macroeconómico, pero no se comenzó a reformar el Estado para tener mejores servicios para el ciudadano. Crecimos como nunca, pero seguimos pobres como siempre. A mi modo de ver, fue más lo que se dejó de hacer que lo que se hizo, lo que no implica que no se deje de reconocer aquellas cosas positivas del gobierno que culmina y que deberán ser continuadas por las próximas gestiones.
Finalmente, culmino con otra reflexión sobre la peruanidad y el sino que ha caracterizado a nuestros gobiernos.
Jorge Basadre tuvo, entre todas sus obras, una fundamental: la Historia de la República. Al final de todos los tomos que componen dicho texto que todo peruano debiera leer, el historiador tacneño describe, con acierto, lo que han sido nuestros gobiernos y la eterna promesa - incumplida, pero latente - de construir un lugar mejor donde vivir. Los dejo con las palabras del maestro:
“Grandes esperanzas súbitas y largos silencios; algarada de pronunciamientos; el legislador que copia las leyes de otros estados; servilismos e inconsecuencias al lado de rebeldías tenaces y lealtades antiguas; condenaciones enfáticas del pasado y anuncios vibrantes de reformas radicales; retórica en los manifiestos y optimismo en los mensajes presidenciales; editoriales ampulosos en los diarios circunspectos e insidia sutil y certera, feroz y aplaudida en los eventuales; oportunidades que se pierden; capacidades malogradas y hombres que se sobreviven a sí mismos; desgracias que parecen irremediables y renacimientos asombrosos; fulgures de heroísmo espartano al lado de disputas bizantinas; refinamientos de raza vieja y primitivismos de tribu; el culto por las formas y las precedencias; la exaltación desaforada y el olvido fácil; la inteligencia ágil y la envidia pronta; las sombras nunca definitivamente triunfantes de la anarquía y el despotismo; la supervivencia providencial del Perú, a pesar de todos los contrastes y pruebas; la majestad de una historia donde hay remordimientos y hay también glorias y donde los abismos están bordeados por cumbres.
Y, a pesar de todos los esfuerzos, una inmensa tarea por hacer.
Y, a pesar de todas las realizaciones, una bella promesa aún no cumplida“.




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