Archivo de 20 Julio 2006


Confirmados dos Ministros del primer gabinete de AGP

García acaba de confirmar a RPP los nombres de dos Ministros que lo acompañarán en su primer gabinete (y que, por cierto, ya estaban bastante cantados).

En la delicada cartera de Economía y Finanzas estará Luis Carranza Ugarte, quien se desempeñó como Viceministro de Hacienda de la segunda gestión de PPK en Economía. En los últimos años estuvo trabajando en el BBVA, la matriz española del Banco Continental. También ha sido funcionario del FMI y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo. Es doctor en Economía por la Universidad de Minnesota.

El nuevo Ministro de Economía tiene fama de ser poco flexible con el gasto. El perfil de este Ministerio se terminará de dibujar cuando conozcamos al equipo que acompañe a Carranza en su gestión. Estaría llegando esta noche a Lima.

La otra confirmación de AGP ha sido José Antonio García Belaúnde como Ministro de Relaciones Exteriores. Diplomático de carrera (con el grado de Embajador), se desempeñaba hasta hace unos meses como Asesor de la Secretaría General de la Comunidad Andina. Cabe recordar que García hizo todos sus viajes al exterior como Presidente Electo en compañía de su futuro canciller.

Sin militancia política, el nuevo encargado de la política exterior es hermano del parlamentario y presidente de Acción Popular Víctor Andrés García Belaúnde.

A 9 días del cambio de mando, aún subsisten las dudas sobre quién será el Presidente del Consejo de Ministros y si García cumplirá con su promesa de establecer un gabinete “paritario” (con 50% de mujeres o cercano a ello).

(Fotos: Agenciaperu.com)

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Ha generado consternación e indignación el asesinato del vocal de la Primera Sala para Reos en Cárcel Hernán Saturno Vergara. Saturno integraba la Sala encargada de procesar a narcotráficantes y se hizo célebre por negarle la libertad condicional a 25 integrantes del cártel de Tijuana, una de las bandas de narcotraficantes más importantes que se hayan capturado en el país.

El asesinato de una persona genera pena e indignación. Más aun en si se trata de un juez. Los jueces son los encargados de aplicar la ley e interpretarla y, en el caso de los magistrados penales, son quienes establecen si una persona ha cometido un delito y, por tanto, debe ser privado de su libertad o sometido a una pena por el hecho cometido.

Todo apunta a que el asesinato del juez Saturno fue cometido por sicarios contratados por el cártel de Tijuana, en represalia por el comportamiento de un juez que no dictó una sentencia favorable a los intereses del narcotráfico. De confirmarse esta versión, sería un hecho preocupante, toda vez la intención sería aterrorizar a los magistrados.

Este hecho pone de manifiesto dos problemas que deberían preocupar más a la ciudadanía y a las autoridades.

El primero es la falta de seguridad que tienen los magistrados que llevan los casos más importantes en el Poder Judicial. Allí incluimos a quienes ven casos de narcotráfico, bandas organizados, los procesos contra la corrupción fujimorista, los procesos contra la cúpula terrorista y los casos de violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado. Hace unas semanas, la revista Caretas publicó un reportaje en el que constaba la carencia de agentes de seguridad para dos de las magistradas que procesan los casos más importantes de la red de corrupción Fujimori - Montesinos: Inés Tello de Ñeco e Inés Villa Bonilla. Lo mismo sucede con Pablo Talavera, presidente de la Sala Penal Nacional que procesa a los líderes de Sendero Luminoso. Urge que el Poder Judicial y la Policía Nacional tomen las medidas del caso para custodiar a estos jueces, entre los que se encuentran, por cierto, lo mejor del Poder Judicial.

El segundo es el narcotráfico.

Durante los años 80 y 90 los periodistas de investigación realizaron importantes informes que destaparon importantes redes de narcotraficantes (”Villa Coca” fue el caso más sonado). Hoy, con excepción de las investigaciones sobre las conexiones del alcalde de Pucallpa con narcotraficantes (y que originaron el asesinato del periodista Alberto Rivera) o el trabajo de El Comercio sobre el caso Zevallos, el periodismo de investigación, en términos generales, parece atravesar una etapa de crisis.

De otro lado, durante la década de los noventa, Montesinos utilizó a los narcotraficantes para sus intereses. Aquellos que no se alineaban eran capturados por la Policía Nacional. Acabada dicha situación de convivencia, el Estado peruano no ha sido capaz de establecer una estrategia eficaz e integral para combatir al narcotráfico. Devida es una agencia estatal cuyos planes y operaciones deberán ser revisados.

Si el próximo gobierno no realiza acciones para acabar con el narcotráfico, corremos el peligro de convertirnos en lo que fue Colombia en los años 80. No solo implica acabar con las bandas que aterrorizan a las personas, sino también reducir la demanda de estupefacientes a través de políticas de prevención.

Si bien el día de hoy los jueces se encuentran dolidos por el asesinato de un colega, no deberán renunciar a su deber como magistrados: combatir la impunidad. Ojalá las balas asesinas no se interpongan en el camino de la Justicia.

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Desde su formación y, sobre todo, a partir de la entrega de su Informe Final, la Comisión de la Verdad y Reconciliación sufrió una serie de ataques infundados, por parte de políticos, periodistas y otros líderes de opinión. Muchos de ellos fueron realizados a partir de prejuicios y sin leer el Informe Final de la CVR.

Por ello, creo pertinente hacer, a tres años de la publicación del Informe Final, una serie de precisiones sobre su contenido, tomando en consideración los mitos y mentiras que se han dicho sobre su trabajo. Dado que el espacio es breve, lo haremos por capítulos. Se agradecen, como siempre, los comentarios de los lectores.

1. LA CVR NO FUE UN INSTRUMENTO DE SENDERO LUMINOSO:

Desde el momento de su creación hasta la fecha, los detractores de la CVR y su trabajo han señalado en medios de comunicación y en debates públicos que este grupo de trabajo solo ha servido para que Sendero Luminoso pueda dejar de ser considerado un grupo terrorista y se otorgue una amnistía general a sus miembros.

Nada más alejado de la verdad. La Comisión de la Verdad y Reconciliación condenó de manera clara a Sendero Luminoso, de acuerdo a los estándares éticos y jurídicos que guiaron su mandato y a la rigurosidad que le exigía la labor de reconstrucción de la historia de la violencia. Muestra de ello es el primer párrafo del Tomo II del Informe Final, que resume la caracterización que la CVR hizo de SL:

El Partido Comunista del Perú conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL) es una organización subversiva y terrorista que en mayo de 1980 desencadenó una guerra contra el Estado y la sociedad peruanos. A lo largo de ese conflicto, el más violento de la historia de la República, el PCP-SL cometió crímenes de extrema gravedad que configuran delitos de lesa humanidad y se constituyó en el principal culpable del alto número de víctimas producido. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) ha constatado que el PCP-SL fue responsable del 54% de las muertes y desapariciones que le fueron reportadas durante su investigación y, sobre la base de los cálculos realizados, estima que la cifra total de víctimas fatales ocasionadas por dicha organización asciende a 31, 331 personas”. (IF CVR, Tomo II, página 25).

De esta manera, se señaló de manera clara las características del tipo de organización que era Sendero Luminoso, así como su máxima responsabilidad en la comisión de delitos de lesa humanidad y en el alto número de víctimas producidas durante el conflicto armado interno.

La CVR señaló que la causa inmediata y fundamental que desencadenó el conflicto armado interno fue la decisión de Sendero Luminoso de iniciar su denominada “lucha armada” contra el Estado peruano y contra la voluntad de la mayoría de peruanos y peruanas que habían decidido vivir en paz y democracia.

La CVR encuentra que la causa inmediata y decisiva para el desencadenamiento del conflicto armado interno en el Perú fue la libre decisión del PCP-SL de iniciar una denominada «guerra popular» contra el Estado, a contracorriente del sentir mayoritario de millones de peruanos y peruanas que, hacia fines de la década de 1970, canalizaban sus anhelos de transformación profunda de nuestra sociedad por otras vías como las organizaciones sociales (federaciones campesinas y sindicales, organizaciones barriales, de mujeres, de pequeños y medianos empresarios), las movilizaciones pacíficas y la constante participación electoral desde la reinstauración de la democracia en 1980. Para concretar sus planes el PCP-SL utilizó principalmente el espacio educativo, captando y adoctrinando pequeños núcleos de jóvenes a partir de los cuales buscó inflitrarse en los sectores rurales y urbanos discriminados o no representados por el sistema político. El PCP-SL buscó explotar así antiguas fallas históricas, que atraviesan el Estado y la sociedad peruana; y aprovechó los graves errores cometidos por los sucesivos gobiernos en la aplicación de una adecuada política contrasubversiva“. (IF CVR, Tomo VIII, página 25).

Además, se condenó de manera expresa la ideología fundamentalista de Sendero Luminoso, su potencial genocida – expresado en sus proclamas, así como en sus acciones contra la etnia asháninka -, sus acciones tendientes a inducir una respuesta desproporcionada de parte del Estado y el aprovechamiento de las falencias del sistema educativo proporcionado por el Estado para propagar sus ideas.

La CVR considera que el PCP-SL sustentó su proyecto en una ideología de carácter fundamentalista, centrada en una rígida preconcepción del devenir histórico, encerrada en una visión únicamente estratégica de la acción política y, por tanto, reñida con todo valor humanitario. El PCP-SL desdeñaba el valor de la vida y negaba los derechos humanos.“. (Conclusión General 16).

La CVR ha determinado que, de acuerdo con su ideología, el PCP-SL adoptó una estrategia orientada a provocar de manera consciente y constante respuestas desproporcionadas por parte del Estado sin tener en cuenta el profundo sufrimiento que ello ocasionaba a la población por la que decía luchar“. (Conclusión General 18)

La CVR encuentra asimismo un potencial genocida en proclamas del PCP-SL que llaman a “pagar la cuota de sangre” (1982), “inducir genocidio” (1985) y que anuncian que “el triunfo de la revolución costará un millón de muertos” (1988). Esto se conjuga con concepciones racistas y de superioridad sobre pueblos indígenas“. (Conclusión General 21)

La CVR ha encontrado que el PCP-SL se aprovechó de ciertas instituciones del sistema educativo como principal cabecera de playa y que, a través de ellas, logró expandir su prédica y captar núcleos minoritarios de jóvenes de uno y otro sexo en diferentes partes del país. Si bien ofrecía a los jóvenes una utopía que les brindaba identidad totalizante, en el fondo los encerraba en una organización fundamentalista y opresora a través de cartas de sujeción a Abimael Guzmán Reinoso“. (Conclusión General 22).

Se establece que la dirección central de Sendero Luminoso - y en particular su jefe, Abimael Guzmán - tiene responsabilidad directa por dar inicio a la violencia en contra de la voluntad de la mayoría de la población, por su estrategia sanguinaria, por sus prácticas violentas en contra de la población civil con un alto costo de vidas y por la comisión de crímenes de lesa humanidad.

La CVR encuentra la más grave responsabilidad en los miembros del sistema de dirección del PCP-SL por el conflicto que desangró a la sociedad peruana, por los siguientes elementos:
• Por haber dado inicio a la violencia en contra del sentimiento abrumadoramente mayoritario de la población;
• por haber planteado su lucha contra la democracia peruana con una estrategia sanguinaria;
• por las prácticas violentas de ocupación y control de territorios rurales y poblaciones campesinas con un alto costo en vidas y en sufrimiento humano;
• por su política de genocidio mediante actos de provocación al Estado;
• por su decisión de proclamar el llamado equilibrio estratégico que acentuó el carácter terrorista de sus acciones
” (Conclusiones Generales 29-30)

Debe precisarse, además, que la reconciliación planteada por la CVR no implica amnistía u olvido para los crímenes cometidos por los miembros del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pues la reconciliación se funda en la justicia, lo que implica que los militantes de ambos grupos paguen por los crímenes cometidos.

Respecto de la amnistía, sólo cabe señalar que los miembros del PCP-SL han sido condenados por la justicia por sus crímenes. Cualquier pretensión de aplicar una política de amnesia, olvido o amnistía por parte del Estado en su beneficio vulnera el principio de la justicia. El planteamiento del “borrón y cuenta nueva” respecto de los crímenes cometidos no es posible para nadie. El principio de la reconciliación se funda en la justicia y no en la impunidad. De ese modo, no sólo los militantes del PCP-SL deben pagar por sus crímenes, sino todo aquel que los ha cometido. Nadie está por encima de la justicia y nadie tiene licencia para torturar o asesinar a aquél que está en situación de indefensión. La reconciliación exige, en este caso concreto, que el senderismo pague por sus crímenes“. (IF CVR, Tomo IX, página 44).

Finalmente, la Comisión señala que cualquier solución política al conflicto pasa por un reconocimiento público por parte del PCP-SL y del MRTA de su renuncia a la violencia como método de acción política. Mientras ello no se produzca, seguirán al margen de la ley y de la construcción democrática del país.

En cuanto a “la solución política y la democratización de la sociedad,” conviene señalar que ambos temas se vinculan estrechamente. El PCP-SL pide una solución política y no militar para enfrentar su derrota en el proceso de la reconciliación nacional. Sin embargo, el PCP-SL no plantea que, para la solución que propone, se requiera la renuncia absoluta a la violencia y la lucha armada como instrumentos de la acción política. La verdadera solución política al conflicto no es la que propone una “amnistía política” de los presos que participaron en el conflicto. Mientras que el PCP-SL no haga un reconocimiento público de su renuncia a la violencia como método de su accionar político, está manifestando que su propuesta de reconciliación no está fundada en el interés de la sociedad y de la nación, sino que sigue anclada en sus intereses de grupo. El PCP-SL ha convertido a la violencia y el terror en parte indesligable de su existencia, y por ello la renuncia que se exigiría a dichos métodos significaría en el fondo solicitarle al PCP-SL que se niegue a sí mismo. Hay que distinguir, sin embargo, entre la organización misma y sus militantes, los cuales, una vez que hayan pagado su deuda con la justicia – si ése fuere el caso – podrán, como cualquier ciudadano, hallarse expeditos para ejercer sus derechos dentro de una sociedad que encuentra que la política es incompatible con la violencia. En relación al “proceso de democratización de la sociedad,” él sólo se dará en la medida en que todas las fuerzas políticas y democráticas del país asuman la tarea de fortalecer la democracia sin recurrir a la violencia. Será en función de la democratización, y por ella, que podrá darse el auténtico proceso de reconciliación y solucionarseel conflicto armado con los remanetes del senderismo que todavía existen en el Perú. El PCP-SL se ha puesto fuera de la ley y de la construcción democrática del país. (IF CVR, Tomo IX, página 44 y 45).

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