Reflexionando sobre la celebración escolar de las Fiestas Patrias
Coincido con todos quienes señalan que la educación comienza por casa. Sin embargo, la formación de una persona, si bien tiene sus cimientos en lo que dentro de las cuatro paredes de hogar se diga y sobre todo se haga, se complementa con lo impartido, de manera directa o indirecta, en las instituciones educativas. Dicen los sociólogos y expertos en educación que, además del contenido explícito de los currículos escolares, existe algo llamado “currículo oculto”, que no es otra cosa que la serie de ritos y ceremonias a las que nos vemos sometidos por 10 años de nuestra vida.
Uno de esos ritos se llama desfile escolar. Tuve la suerte de que en la Recoleta dicha ceremonia solo estuviera circunscrita a los alumnos de Quinto de Secundaria. Claro, en esa época me entusiasmaba algo el asunto, es más, hasta fui miembro de la Escolta del Colegio (cosa de la que no me arrepiento) y, como todos los alumnos de centros educativos del país, en julio de 1998 tuve que marchar a paso de ganso frente a las autoridades del distrito donde mi alma mater está ubicada.
Pues bien, han transcurrido 8 años de aquella experiencia y no me suscita el mismo entusiasmo ver a los alumnos de mi colegio y de ningún colegio hacer el rito de “a ver quien luce más marcial” como símbolo de amor a la Patria. Mejor dicho, no me suscita ningún entusiasmo.
Perder horas de clases (aunque fueran las de Educación Física) a los alumnos nos parecía lo máximo. Hoy, años fuera de las aulas, me parece una tontería, viendo el esfuerzo que los padres de familia hacen para pagar el colegio.
Marchar no nos hace mejores ciudadanos, no nos da mayores modales cívicos ni nos da herramientas para ejercer de mejor manera nuestros derechos y, menos aún, nos hace amar a la Patria. Más bien nos hace imitar a nuestros amigos los militares. Esta “tradición” me recuerda cada año el hecho de que hemos sido gobernados la mayor parte de nuestra historia repúblicana por miembros de las Fuerzas Armadas o por gobernantes civiles autoritarios apoyados por las instituciones castrenses (Leguía y Fujimori los ejemplos más claros) así como una visión castrense de la educación que circunscribe la enseñanza del patriotismo a través de ejercicios físicos o desfiles(cosa que, en la época de los estados de emergencia, fue patente en Ayacucho, donde todo el mundo tenía que marchar). En suma, me recuerda a los libros de texto y personas que dicen que las Fuerzas Armadas son “instituciones tutelares” de la Patria, olvidando que no somos menores de edad o incapacitados.
¿Qué quisiera para las Fiestas Patrias? Más que un desfile marcial, anhelaría ver más paacalles escolares, con nuestros alumnos bailando nuestras danzas o tocando nuestra música (ojo, cuando digo nuestra música no solo me limito a lo andino o criollo, ¿por que no un buen rock?), más corsos como los de Wong y colegios donde, además de mejorar la enseñanza de matemática y lenguaje, comencemos a enseñar como defender la Constitución y como hacer respetar nuestros derechos.
Preguntémonos: ¿amamos más al Perú por desfilar o ver desfilar a paso de ganso todos los 28 de julio?
UPDATE: Otras opiniones:
A Fernando Vivas no le gusta el militarismo
Pedro Salinas prefiere irse de marcha, en vez de marchar
(Foto: Municipalidad de Jesús María)





Entradas (RSS)