Archivo de 5 Junio 2006

El reto para García será, entonces, formular un paquete de propuestas coherentes y convincentes para enfrentar la exclusión social y construir una participación más amplia, todo ello sin poner en peligro la estabilidad macroeconómica
(John Crabtree, “Alan García en el Poder 1985 – 1990”, página 333)

Pocas veces en la historia una persona que cometió tantos errores vuelve a tener una segunda oportunidad.

Esa segunda oportunidad supone, más que la alegría natural por obtenerla, una serie de responsabilidades adicionales, ya no solo con el país sino con la Historia.

Cuando llegó por primera vez al poder, Alan García señaló que su compromiso era con todos los peruanos. Hoy, su nuevo mandato debe comprometer a todos los peruanos, comenzando por quienes no votaron por él, en particular, en el sur de nuestro país.

La gran lección de esta elección es que si bien se han respetado las libertades democráticas de manera escrupulosa y se han alcanzado indicadores macroeconómicos que no deberán ser descuidados, se requiere un mayor y mejor trabajo por la inclusión de un importante sector de peruanos y peruanas.

Inclusión, que tiene que ver con el reconocimiento de derechos ciudadanos para aquellos que nunca los tuvieron.

Inclusión, que comprende las reparaciones a las víctimas de la violencia, la mayor parte de las cuales se encuentra en el sur andino.

Inclusión, donde existan instrumentos técnicos que permitan la redistribución de la riqueza obtenida a través de la extracción de recursos naturales.

Inclusión, que cuenta con una importante oportunidad para la reconversión agraria y la atención a los sectores rurales.

Inclusión, que debe tener como meta dejar de ser el país con la peor educación de América Latina, mejorar la calidad de profesores y alumnos y acabar con ese lastre llamado analfabetismo.

Inclusión, que implica que no se discrimine a nadie, por su idioma, creencia religiosa, opción sexual, género, color de piel o condición socio - económica.

Inclusión, que tendrá que enfatizar en un proceso de descentralización que convierta a las regiones en actores decisiorios de su propio destino.

Inclusión, que implica contar con un Poder Judicial al cual todas y todos podamos acceder y que nos brinde un servicio de calidad.

Inclusión, que implica que los malos miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales que cometieron violaciones a los derechos humanos u otro tipo de delitos dejen la institución.

Inclusión, que supone el combate a la corrupción para evitar que nos roben los fondos que pagamos.

Inclusión, que necesariamente nos reta a reformar el Estado, a fin de consolidar su presencia en aquellos sectores de nuestro país que más lo necesitan.

Inclusión, que implica ampliar nuestros mercados a través del comercio internacional.

Para ello, García deberá ser lo suficientemente consciente que ganó con votos que no eran suyos y quienes los emitieron serán fiscalizadores severos de su gobierno. Asimismo, deberá tener en cuenta que su convocatoria a una base más amplia no debe quedar en mera retórica y sí en una saludable apertura a personas que no necesariamente coinciden con todos sus planteamientos pero que son las más capacitadas en su área de trabajo.

Los diagnósticos con los que la nueva administración podrá trabajar ya están dados y deberá utilizarlos en acuerdo con las demás fuerzas políticas y la sociedad civil. Destacamos cuatro de ellos: el Acuerdo Nacional, el Plan Nacional por la Educación, la Carta Agraria y el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Habrán cuatro tentaciones que el nuevo gobierno deberá evitar: la soberbia de pretender que solo García o el APRA salvarán al Perú, retroceder lo avanzado en materia macroeconómica para atender las demandas sociales que desde el primer día de su mandato lo estarán esperando, garantizar la autoridad democrática de su gobierno en los momentos en que el orden público esté en peligro y evitar encubrimientos a personas que malogren la imagen de su gobierno. En síntesis: no más SEASAP(*), no más hiperinflaciones, no más Frontones, no más Mantillas.

Lo que todos, sin excepción, deberemos evitar, será caer en los extremos: no podemos convertirnos en indolentes que, apenas transcurrida la resaca electoral y evitado el triunfo de Humala, olviden que hay una parte del país que nos ha dado una señal de alerta, para que sea atendida; pero tampoco podemos convertirnos en radicales que destruyamos lo poco avanzado cada cinco años, intentando refundar la República sin tomar en cuenta lo anterior, cual Mesías de la Nación.

Decíamos al inicio que son raras las ocasiones en que la historia (o la votación popular) da una segunda oportunidad. A Alan García, a su partido y a su nuevo equipo les tocará la tarea de demostrarnos que el voto que muchos le dimos a regañadientes o para evitar los riesgos de perder lo avanzado sí valió la pena. Cada peruano, desde su respectivo lugar, deberá apoyar lo positivo y criticar aquello que consideremos negativo, más aun si nuestro voto no ha sido un cheque en blanco.

Buena suerte (y mucho trabajo), Presidente García.

(*) SEASAP: Acrónimo que quiere decir: Solo El APRA Salvará Al Perú

Comments 3 Comentarios »