Más que el conteo de votos para definir quien pasa a la segunda vuelta (y que los grupos políticos involucrados han tomado con seriedad y calma), en estos días me suscita preocupación un aspecto que ha atravesado buena parte de la campaña y que se viene manifestando también en estos días: la intolerancia.
Durante toda la campaña hemos visto expresiones de intolerancia por parte del candidato Ollanta Humala, sus familiares y algunos de sus seguidores.
Por un lado, hemos sido testigos como en manifestaciones en provincias, tanto Lourdes Flores como Alan García fueron agredidos por personas identificadas como simpatizantes del comandante en retiro. Asimismo, miembros del Partido Nacionalista quisieron impedir el mítin de Susana Villarán en Huaycán.
Por otro lado, hemos sido testigos, durante varios años, de las expresiones vertidas por Antauro Humala y algunos miembros del entorno humalista (como el General EP Essasemberger) en contra de Chile, la comunidad judía, el movimiento homosexual y, en general, contra sus opositores políticos, en un medio de comunicación que llevó por un buen tiempo el nombre del candidato presidencial de UPP. Y otro pasquín, con similares carácterísticas y bajo el título de “La Olla”, viene repitiendo, en tono menos chillón, insultos en contra del Presidente Toledo, Lourdes Flores y Alan García.
Caso aparte es el de Daniel Abugattas. Sus insultos contra Martha Hildebrandt y Eliane Karp nos eximen de mayor comentario, con excepción del rechazo natural a dichas expresiones. Mayor sorpresa y desagrado me producen las expresiones vertidas por este personaje - quien parece que estará de todas maneras en el próximo Congreso - en el Colegio Los Reyes Rojos, quien cree que la sociedad debe organizarse como un cuartel, pues les comentó a los alumnos de dicho colegio que impondría el servicio militar obligatorio y el servicio civil obligatorio para quienes van a la universidad, condenando, además, lo que cada persona hace en tiempo de ocio, cuestión en la que ningún estado moderno desde tiempos del absolutismo del Siglo XVIII se involucró.
Lamentablemente, no solo los seguidores de Humala se han caracterizado por esta actitud reprobable.
El día de las elecciones, todos fuimos testigos de un suceso bochornoso. Ollanta Humala fue pifiado e insultado al momento que fue a votar, e incluso se le lanzaron latas de gaseosa. Por más que el candidato de UPP no haya sido precisamente un dechado de virtudes, no merecía el maltrato y la violencia reflejadas en los rostros de quienes rechazaron su presencia en el local donde le tocaba votar.
De otro lado, a lo largo de esta última semana he escuchado y leido de parte de personas que votaron por Unidad Nacional una serie de expresiones francamente desatinadas. Desde llamados a Toledo para que haga fraude y evite que Alan y Ollanta pasen a segunda vuelta, o hacer una colecta para contratar sicarios que eliminen fisicamente a Humala, hasta condenas hacia quienes optamos por otras opciones democráticas que, en comparación, nos parecían mejores que la propuesta por Lourdes Flores Nano.
Y, para rematar el desvarío, varias personas han expresado en conversaciones informales o en sus respectivos blogs que solo una “masa ignorante” ha votado por Humala y por Alan García, descalificando de plano a todo aquel que no piense como ellos, o que no esté en los mismos círculos sociales que ellos.
Tal parece que tanto los humalistas como mis amigos simpatizantes de Lourdes han caido en el mismo defecto. Que no es poca cosa en un país donde existen discriminaciones para los empleos (la famosa “buena presencia”), locales donde no dejan entrar a personas que no son de determinado tono de piel (como Aura, Gótica o Cafe del Mar), para no hablar de la falta de reconocimiento del número de víctimas que se registraron durante la guerra contra el terrorismo en la sierra y selva peruanas (que fuera señalado por la Comisión de la Verdad). Y claro, también estamos hablando del país donde se practica la cultura del palo encebado, donde a toda persona que tiene cierto éxito profesional, empresarial o económico, se le trata de disminuir en su condición, minimizar su éxito o ponerle obstáculos.
¿No será que estas actitudes han impedido que Humala llegue a una mayor votación o que Lourdes llegue a pasar a segunda vuelta?
Si queremos constuir una mejor sociedad necesitamos del esfuerzo de todos los peruanos. Ello implica diálogo y concertación en aquello que estemos de acuerdo. No necesitamos exclusiones entre peruanos, ni menos aun muestras de intolerancia que hagan más difícil la vida en comunidad. Cuando culminen las elecciones, todos tendremos que convivir y, por tanto, no podemos hacer dicha convivencia un infierno.
Ojala en estos días, en los que muchos se van de viaje, o realizan sus tareas cotidianas en casa, o reflexionan a partir de su experiencia de fe, nos permitan pensar sobre como llevarnos mejor entre nosotros e impedir que esta ola de intolerancia siga creciendo.




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