Por un voto por cambios politicos y sociales, en democracia
ELIGIENDO SOBRE UN ABISMO SOCIAL
Achacar el voto en favor de Ollanta Humala a la mera ignorancia es solo mirar la cuarta parte de un problema larvado en nuestro sistema político.
En efecto, es cierto que buena parte de nuestra población no conoce la Constitución ni para que sirven nuestras instituciones. Quizás ello explique en parte porque pensamos que pueden hacer más de lo que la Constitución y las leyes le permiten. ¿O no es cierto que es un sentido común nacional pensar que el Congreso debe dar leyes que bajen las tarifas de los servicios públicos, o que den más puestos de trabajo en el Estado?
Es verdad, algo de eso hay, pero sostener, con sus más y sus menos (y de manera solapada), que nuestras votaciones presidenciales se deben a una masa de “cholos ignorantes” que siempre deciden mal, no es solo ver una mínima parte de lo que sucede en el país, sino seguir ahondando en aquellas brechas sociales y económicas que son las que, en realidad, han generado este hastío con lo establecido. E ignorar que estamos en un país con 54% de pobres, con la peor educación de América Latina y con las secuelas vivas de un conflicto armado interno.
Hay, sin duda alguna, una emergencia social que atender. Si bien durante estos últimos 15 años hemos conseguido la derrota de la inflación, una estabilidad macroeconómica y cifras de crecimiento importantes, las personas no han sentido que dichas cifras buenas se traduzcan en más plata en sus bolsillos y más oportunidades para salir adelante. En parte porque nuestra economía es informal, en parte porque hay un desfase entre el crecimiento y la generación de empleo, en parte porque el empleo que se requiere es calificado y muchos de nuestros compatriotas no cuentan con dichas calificaciones. Y porque, sin duda, el crecimiento económico no puede ser el único eje de nuestras políticas económicas. La pregunta no debe ser solo ¿cómo hago para que el país eleve su Producto Bruto Interno? Debe acompañarse de una reflexión sobre cómo hacemos para que los peruanos tengamos más oportunidades de desarrollo.
La propuesta, pasa, sin duda alguna, porque nuestros empresarios - de todos los sectores - entiendan que el lucro no debe ser el único motor e idea de su acción empresarial. Es sin duda, un componente importante, que debe ser incentivado, pero no en detrimiento de los derechos de sus trabajadores, de su entorno social y del medio ambiente.
Recientemente, el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, Javier Neves, señalaba lo siguiente sobre nuestros empresarios y su rol en la sociedad peruana:
“No queremos empresarios democráticos en el Estado y autoritarios en su negocio; menos aun, autoritarios en ambos espacios. No queremos empresarios en los videos de la corrupción ni en las componendas con los gobiernos. Queremos empresarios conscientes de la realidad del país, que respeten la dignidad de las personas, especialmente la de sus propios trabajadores. Tendrán ellos, así, su seguridad física y la garantía de sus ganancias y nosotros la de que avanzamos hacia un desarrollo integral, donde imperen la justicia y la paz“.
Es claro que la población está reclamando una mayor y mejor redistribución de los ingresos y la mejora de las oportunidades en salud, educación y nutrición. A ello se suma la relación entre las actividades económicas y el medio ambiente. En suma, se busca una mayor inclusión dentro de la sociedad. Esta realidad es algo que no podemos ignorar y nos toca a la puerta, por más que los mensajeros que la intentan reivindicar no sean los mejores.
Y si, muchas veces ello implica que las reglas de juego económicas se modifiquen. Pero esta modificación no debe ser producto de una imposición o del mero capricho del gobernante de turno. Es necesario un consenso político y social sobre los cambios que se deben realizar. Y ello solo se puede realizar en democracia. Lo que me lleva al segundo punto de esta reflexión.
CAMBIOS SOCIALES Y POLITICOS SI, PERO EN DEMOCRACIA
Hace seis años una buena parte de los ciudadanos peruanos expresaron su rechazo a un modelo excluyente, no solo en lo económico, sino también en lo político. El fujimorismo fue la síntesis perversa de los peores defectos de la sociedad peruana: autoritarismo, exclusión, violencia y corrupción.
Hoy, muchos ciudadanos están descontentos con la democracia. Muchas de las razones han sido expuestas en el primer punto de esta exposición. Otras tienen que ver con el desempeño de las instituciones, tales como el Congreso, el Poder Ejecutivo y la Administración de Justicia, de entes reguladores y de las instituciones encargadas de la Seguridad Nacional y Orden Interno.
Muchos percibimos que la Administración de Justicia no funciona, que la Policía no cumple a cabalidad con su tarea de protegernos, que las Fuerzas Armadas aun no encuentran su rol dentro del nuevo contexto mundial, que el Parlamento merece unas reformas para su mejor funcionamiento, que quizás sea mejor tener un Primer Ministro con más funciones de gobierno.
Todas estas reformas forman parte del pasivo de Alejandro Toledo, quien no se atrevió a ejecutarlas, o le quitó respaldo político a quienes estaban haciendo un buen trabajo. Quien a partir del 28 de julio de 2006 se encarge del gobierno deberá emprender, además de sus labores cotidianas, esta ambiciosa tarea.
Y en ello, lo que comúnmente llamamos formas y que prefiero denominar reglas democrácticas, importan mucho en esta tarea. Miremos sino el ejemplo del gobierno del general Juan Velasco Alvarado, tan admirado por uno de los candidatos en carrera. Cierto es que el Perú requería reformas fundamentales para superar una estructura político y social poco inclusiva, pero no solo la ideología subyacente a este proyecto era la equivocada, también lo era el hecho de pretender hacer una “revolución desde arriba”, sin ningún consenso, vía golpe de Estado, restringiendo las libertades y excluyendo a aquellos actores que no se alinearan con el régimen. El resultado: un desastre económico, el sistema democrático destrozado, unas Fuerzas Armadas solo prepraradas para luchar contra un enemigo externo y un radicalismo político que fue la principal causa del surgimiento de Sendero Luminoso.
Así, toda reforma del sistema político deberá producirse por los mecanismos que la Constitución permite, sin vulnerar el respeto a la separación de los poderes, ni transformar los procesos de reforma en meros mecanismos de intromisión política. Por ello es necesario contar con partidos políticos que respondan a dicha expectativa.
UN ENFOQUE DESDE LOS DERECHOS HUMANOS:
Muchos asocian la preocupación sobre los derechos humanos como un asunto meramente relacionado con las vulneraciones de los mismos cometidas durante el conflicto armado interno (o lucha contra el terrorismo, como quieran llamarlo) y la atención a sus secuelas. Es cierto que buena parte de la atención del próximo gobierno deberá residir en este punto: colaborar con la judicialización de los casos pendientes, implementar el Plan Integral de Reparaciones y demás recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Sin embargo, un enfoque desde los derechos humanos sobre lo que debe ser un buen gobierno no se limita a lo señalado en el párrafo anterior. Hablamos de algo más ambicioso: cómo hacer que los derechos de todas y todos se respeten y ello incorpora además del derecho a la vida, la integridad física, la libertad de expresión o de votar, a los derechos a la salud, la educación, la alimentación y la vivienda. Es contemplar, en suma, como plasmamos instituciones y políticas orientadas a la persona humana como fin supremo de la sociedad y del Estado. Así, el norte de la política económica deja de ser el crecimiento económico por si solo, sino el bienestar del ser humano; o el enfoque sobre como mejorar la educación no pasa solo por mejorar infraestructura y sueldos o hacer concursos de maestros, sino que también contempla contenidos que permitan formar buenos ciudadanos (no solo buenos profesionales); o preservar el medio ambiente no pasa solo porque las empresas no contaminen, implica también educarnos a todos en el respeto al ecosistema.
De esta manera, el gobierno que venga no solo debe adoptar una política que preserve los derechos humanos y que sancione los hechos ocurridos en el pasado. Debe, además incorporar una perspectiva que oriente su trabajo en favor de la persona humana, antes que en la mera estadística (que, recordemos, solo son herramientas técnicas).
REFLEXIONES FINALES
De esta manera, podríamos plantearnos las siguientes preguntas antes de votar:
a) ¿Que agrupación política garantiza que gobernará el país respetando las libertades básicas y el ordenamiento constitucional?
b) ¿Qué agrupación política contempla un rol del Estado más activo, sin llegar a ser un Estado empresario, a fin de generar mayor inversión y redistribuir riqueza?
c) ¿Qué agrupación política plantea incluir a nuestros compatriotas que carecen de las mismas oportunidades que nosotros, sin excluir a aquellos que tienen más por el solo hecho de serlo?
d) ¿Qué agrupación política está dispuesta a aceptar el reto de reformar el Estado, para hacerlo más moderno y no solo desde la óptica de despedir personas o tercerizar actividades?
e) ¿Qué agrupación política tiene una vocación política real por defender los derechos humanos e implementar un plan de reparaciones’
f) ¿Qué agrupación política está llana a conversar con el sector empresarial, para modificar aquellas reglas de juego económico que excluyan a la población de los beneficios del crecimiento, sin ahuyentar a la inversión?
g) ¿Qué agrupación política plantea una reforma de la administración de justicia que incluya a los jueces como actores y que permita un mejor y mayor acceso a la justicia?
i) ¿Qué agrupación política plantea cambios para tener una educación y salud de calidad?
j) ¿Que agrupación política buscará mejorar nuestra seguridad ciudadana sin vulnerar nuestros derechos ciudadanos?
k) ¿Qué agrupación política tiene el mejor entorno para emprender estas tareas?
Son algunas de las preguntas que nos podríamos hacer antes de emitir nuestro voto.
Frente a dichas preguntas que han motivado esta reflexión (y otras más que se podrían , mi respuesta personal es que ninguno de los tres candidatos que tienen mayores opciones de convertirse en el nuevo Jefe de Estado reune las condiciones necesarias para emprender un cambio social en democracia. Hago notar, sin embargo, que algo distingue a Lourdes Flores y Alan García de Ollanta Humala: la vocación autoritaria de este último.
La idea subyacente a este artículo es señalar que se pueden emprender cambios sociales sin vulnerar la institucionalidad, o que se pueden reformar las instituciones sin violar los derechos de las personas. Humala no me da ninguna garantía sobre los cambios que quiere emprender o sobre su vocación democrática (que desde mi punto de vista es nula).
La Comisión de la Verdad señaló como condición principal para emprender cualquier reforma, la siguiente:
“Un compromiso expreso del no uso de la violencia y el respeto a los Derechos Humanos tanto desde los partidos políticos como desde las organizaciones sociales, como requisito para integrarse y actuar dentro del sistema de partidos y organizaciones sociales legalmente reconocidos. Asimismo, exigencia de constancia expresa en estatutos de organizaciones políticas y sociales de compromiso a respetar la Constitución como regla fundamental de la vida política y el pluralismo democrático“.
Lamentablemente ese compromiso no lo tiene Humala. Sus apelaciones entre la división entre peruanos y su anuencia a regímenes autoritarios como los de Juan Velasco Alvarado y Hugo Chávez no me dejan duda alguna sobre sus genes autoritarios.
En el caso de Lourdes Flores y Alan García, si bien considero que son alternativas democráticas medianamente respetables, no votaré por ellos en primera vuelta. Considero que muchos de los planes de Flores mantendrían el status quo de exclusión imperante, además de contar con un entorno poco dado a respetar los derechos humanos. En el caso de García, sin duda, son las dudas que aun genera su actuación en su primer gobierno las que me impiden verlo como la mejor opción.
Mi humilde posición personal me lleva a responderme que Susana Villarán es la mejor opción para la primera vuelta. Creo que ella como su agrupación no solo reunen los estándares de decencia y honestidad que se requieren para gobernar, sino que cuentan con un plan de gobierno que, en la mayoría de los casos, responden afirmativamente a las preguntas que he planteado.
Sin duda alguna, esta declaración no implica una inducción al voto. Cada quien, desde su posición, llegará a una conclusión distinta a la mia o quizás a la misma. Lo importante es que nos preguntemos porque optamos por tal o cual opción y que la respuesta no sea solo el miedo a que gane tal o cual persona. Votemos en primera vuelta por quien consideremos que sea el más o la más capacitada para conducir los destinos de nuestra nación.
Finalmente, lo más importante, como ciudadanos, no solo es cumplir nuestro deber cívico este domingo. Será más importante fiscalizar al gobierno que venga, hacer que se cumplan nuestros derechos, cumplir con nuestros deberes y respetar los derechos de los demás desde nuestra posición. Solo así podremos forjar una nación realmente democrática e inclusiva. En suma, un Estado al servicio de las personas y ciudadanos que consideren al otro como alguien como él.
Votemos a conciencia, votemos por el Perú.




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