Cada vez que el gobierno de Alejandro Toledo se encuentra en problemas, acude a una de sus salidas más recurrentes: la teoría de la conspiración.
No nos vamos a ocupar mucho del tema salvo para hacer las siguientes atingencias:
1. Las teorías de la conspiración son mayormente inspiradas por los entornos de gobiernos aislados, sea por su ausencia de base real de apoyo, por baja impopularidad o por acusaciones muy serias. Ello ocurre en este caso. Toledo, desde el inicio de su gobierno, ha sido aislado por un entorno que ha difundido este tipo de teorías, cuyos ejemplos son los siguientes:
- “Los ministros más populares tienen agenda propia y están aprovechando su paso por el gobierno para hacerse de un nombre para las siguientes elecciones”. Ello se hizo en los casos de los ministros provenientes de la izquierda como Cecilia Blondet, Gino Costa, Fernando Rospigliosi o funcionarios como Susana Villarán o Pedro Francke. En realidad, que haga caso a esta hipótesis un Presidente que siempre proclama que “no postulare a la reelección” (no puede tampoco, porque la Constituciòn se lo impide) es bastante contradictorio, por no decir que es bastante tonto.
- “La mafia no me deja gobernar” Por favor, ver punto 2.
- “La prensa está en mi contra”. Salvo uno o dos periódicos abiertamente golpistas (como “La Razón”) el resto de medios de comunicación no pertenecen a la mafia y hacen lo que haría cualquier periodista en democracia: fiscalizar al gobierno y hacer preguntas incòmodas.
2. La mafia, efectivamente, está operando. Y opera porque piensa que debilitando a este gobierno logrará tumbarse a la democracia y, por ende, al sistema anticorrupción. Pero si realmente le incomoda la mafia podría hacer lo siguiente:
- Darle más autonomía, fondos y respaldo a sus procuradores anticorrupción
- Implementar la Iniciativa Nacional Anticorrupción, propuesta en el gobierno de Paniagua.
- Presionar al gobierno japonés para que dé su respuesta sobre la extradición de Alberto Fujimori.
- Contribuir a la reforma judicial, para que los procesos se aceleren y las principales sentencias se den este año.
Y si realmente le incomoda la mafia, nunca hubiera hecho esto, señor Presidente:
- Reunirse con los Crousillat y con Ernesto Schutz
- Permitir tener a sujetos como Almeyda reuniéndose con miembros de la mafia como el General Villanueva.
- Reunirse con aquellos periodistas que supuestamente son empleados de Schutz
Y, sobre todo, debiò tener la autoridad moral suficiente, la cual està ahora mellada por las acusaciones de corrupción que involucran a su familia y a parte de su entorno.
Las teorías de la conspiración solo sirven a quienes la elaboran. Incordian el ambiente político y afectan la propia credibilidad del gobierno. Si bien la mafia actua y hay que combatirla, no se puede meter a toda la prensa en el mismo saco, ni iniciar “cacerías de brujas”. Sobre todo, hay que predicar con el ejemplo y dejar de comentar tantos errores.




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